Cuando transcendió en su día,
que el príncipe Felipe tenía una novia del pueblo, que no era de sangre azul,
mi primera reacción fue la de casi todos, pensé lo bonito que era que una
“plebeya” viera hecho realidad el sueño de poder ser reina. Pero todo lo
ocurrido desde entonces me ha convencido de que estaba equivocado.

Aún recuerdo los continuos
quebraderos de cabeza que le daba Doña. Letizia a la Casa Real cuando pretendía
seguir manteniendo el contacto con sus amigas de siempre y se presentaban en una
conocida discoteca de Madrid. Para la seguridad de la Casa Real era una
situación muy comprometida, y para los propietarios del negocio algo incómodo.
Afortunadamente, tras casarse, tener a sus hijas, y ser reeducada, parece que
por fin ha entendido cual debe ser su papel y como debe de comportarse,
exactamente, como una reina.

Pero casarse con Letizia era
casarse también con su mochila, con su familia, y ahí es donde la Casa Real se
está encontrando más problemas, pues esa familia ha sido educada como
cualquiera de nosotros y no siempre saben estar a la altura, y ser conscientes
de que lo que digan o hagan puede perjudicar a nuestra actual reina.

Nuestra reina tiene una tía que se llama Henar Ortiz, que parece ser la descerebrada de la
familia, persona con unas enormes ansias de protagonismo que se caracteriza por
decir “chorradas”, nada más emparentar con la Casa Real dijo ser republicana,
supongo que sería su envenenado regalo de boda. Acaba de pedir la libertad para
los “presos políticos”. Conozco a algún que otro republicano serio que, por
supuesto, consideran a los políticos golpistas catalanes como personas que han
cometido graves delitos y deben pagar por ello, pues así lo dicen las leyes que
nos hemos dado democráticamente.

He llegado a la conclusión,
que para ser un buen rey y una buena reina, debes ser educado de una manera
especial desde que naces, ya que solo así de esa manera siempre estarás a la
altura. En España hemos tenido un espléndido ejemplo de ello, Doña Sofía. Reina
ejemplar que tuvo sobrados motivos para mandar a su esposo a freír espárragos,
y aguantó hasta el final por su país.

Un comentario en «La impresentable tía de la reina.»

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