Hay que saber, que esta ley
permite dejar morir de hambre y sed a un paciente. Reduce al médico a ser un
mero ejecutor de sentencias de muerte, pretende legalizar la eutanasia por la
puerta de atrás.
Permite que se pueda retirar
la alimentación e hidratación a un paciente aun cuando ésta sea una medida
adecuada y proporcionada a su estado, abriendo la puerta a prácticas
eutanásicas. Es inhumano, que con el pretexto de que alimentar al enfermo
constituye “una supuesta medida de encarnizamiento terapéutico” provoquen un asesinato
lento.
Obliga al médico, bajo
amenaza de sanción, a actuar como un mero ejecutor de los deseos del paciente o
familiares, dejando al margen su criterio como profesional.
Es esencial que el texto
especifique de forma clara que debe tenerse en cuenta el criterio profesional
médico al aplicar tratamientos como la sedación, precisamente cuando las
personas son más vulnerables.
Dado que esta ‘ley de muerte
digna’ obliga claramente a los médicos a cumplir la voluntad del paciente en
contra de su criterio estaríamos de facto frente a la legalización de la
eutanasia.
Los médicos tendrían que
enfrentarse a sanciones muy graves (también económicas) sencillamente por
obstaculizar los deseos de un paciente o de un familiar. Lo que podría
llevarles por ejemplo a sentirse amenazados y frente a la presión de un posible
despido, abandonar al paciente en contra de su propio criterio médico.
Esta ley de “muerte digna”
atenta contra la deontología médica, su juramento hipocrático y sus derechos
éticos y morales respecto al paciente.
Por otra parte, debemos saber,
que el acceso a los cuidados paliativos en España no es total ni equitativo.
Sigue siendo la eterna asignatura pendiente a la que se le niega un nuevo
impulso para que los enfermos puedan ser atendidos dignamente en la fase final
de la vida.
Esta ley se centra
fundamentalmente en crear un nuevo derecho, el derecho a la sedación, colocando
la autonomía del paciente por encima de los criterios médicos y deontológicos.
No se puede consentir, que el
médico se convierta en un mero ejecutor de la voluntad del enfermo o de sus
familiares, despojándole del derecho y el deber de ejercer cuando sea necesaria
la objeción ya no de conciencia, sino de ciencia.
No se puede permitir, que se
retire la hidratación y nutrición a un paciente dejándole morir de hambre o sed
como si fuera un despojo, una herramienta ya inservible, un producto caducado.
Somos seres humanos y todos
tenemos derecho a la vida independientemente de las circunstancias (buenas o
malas) que ésta nos ponga en el camino.
El derecho a la vida ha de
defenderse siempre, desde el vientre de la madre, hasta cuando estemos más cerca
de nuestro final.
El PSOE nos lo vende como la
conquista de otro derecho, como una ley avanzada, pero matar al que sufre nuca
puede ser progresista, lo reaccionario es acabar con los enfermos, lo
progresista es cuidarlos.
Lo cierto es, que las
unidades de servicios paliativos no cubren todo el territorio nacional, y que
esos 75.000 enfermos que padecen un sufrimiento intenso, si estuviesen bien
atendidos, no morirían rodeados de dolor y síntomas insoportables. Es absurdo,
regular la eutanasia, sin antes garantizar los cuidados paliativos a todos los
enfermos. Cada día mueren cien enfermos esperando ayudas de dependencia. Los
gobiernos socialistas, siempre cogen el
atajo de lo barato, del crimen, en vez de garantizar una muerte sin dolor y
atendidos.
Si un enfermo terminal, o un
enfermo con un cuadro de fuerte dolor, tiene acceso a psicólogos especializados
y a sedación paliativa, difícilmente recurrirá a ese “derecho” que le pretender
dar.
En este país, hay unos 30.000
enfermos de cáncer con más de 65 años y que viven solos, ¿pretende esta
sociedad que se conciencien de que lo mejor es acelerar su final?
Con los criterios
economicistas que rigen en la sanidad pública, os imagináis a un indigente sin
familia aquejado de una enfermedad dolorosa y terminal que esté en un Hospital
público, ¿cuánto tardarían en eliminarlo?
Como siempre ocurre con el
PSOE, propone leyes que agravan la desigualdad, los que tienen acceso a la
Sanidad privada, aguantarán hasta el último de sus días, y en cambio, los menos
favorecidos, vivirán sus últimos días amenazados por un sistema cruel que vende
como progreso lo más reaccionario, acabar con la vida humana.
