De José Calvo Sotelo, el
diputado monárquico asesinado hace hoy 82 años, nada dice esa izquierda
sectaria que defiende “su Memoria Histórica”. Hablamos de uno de los miles de
crímenes cometidos por la II República, pero quizás de uno de los más
importantes, pues fue la gota que derramó el vaso de la paciencia de un general
Franco que hasta entonces se negaba a secundar el alzamiento cívico-militar, y
que tras el asesinato, se sumó a él.
Tras conocer el asesinato,
José María Pemán, dijo la famosa frase “Nosotros le queríamos para gobernante.
Dios le quiso para mártir».
Calvo Sotelo, fue un hombre familiar,
de talante profundamente religioso y amante de la tradición y el orden, y destacó
como uno de los adversarios más tenaces de la II República. Contra el débil
comportamiento de los conservadores de la CEDA y el propósito «bien
claro» de los socialistas de instaurar su dictadura, practicó el
enfrentamiento abierto en las instituciones, en las Cortes.
Muchos historiadores de
prestigio sostienen, que al igual que pudiera haber ocurrido con José Antonio
Primo de Rivera, la presencia de Calvo Sotelo en la postguerra, quizás hubiera
impedido que Franco hubiese tenido el poder absoluto.
Poco antes de su asesinato,
pronunció un famoso discurso en el que parecía anticipar su destino, dijo
«Es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio». Tras su
última intervención en las Cortes, Dolores Ibarruri “La Pasionaria”, le
respondió, «Has hablado por última vez», evidentemente, la diputada
comunista sabía que lo iban a asesinar. La
madrugada del 13 de julio de 1936, un grupo de oficiales se presentó en su casa
en un coche del Gobierno. Calvo Sotelo fue obligado a acompañarles. A la mañana
siguiente, su cuerpo aparecería en el depósito de cadáveres, muerto a tiros.
Siempre me ha llamado la atención
la capacidad que ha tenido la izquierda para blanquear el régimen de la II
República. Pocos añorarían un régimen en el que el jefe de la oposición fuera
asesinado por funcionarios policiales como sucedió con Calvo Sotelo.
El entonces presidente de las Cortes impidió que el féretro fuera expuesto en ellas. Al día
siguiente, La Pasionaria exigió la suspensión de actividades de todos los
periódicos de las derechas. Tal era aquél modélico régimen donde imperaba la
libertad de expresión, de opinión y el pluralismo político. Ese maravilloso
régimen de intelectuales, poetas, artistas, el régimen más criminal de la
historia de España.
Dolores Ibarruri “La
Pasionaria”, goza del privilegio de tener a su nombre calles en innumerables
poblaciones de nuestro país, para los de “su memoria Histórica” esta comunista
cómplice de criminales se lo merece. Así estamos.
