Lo que acaba de suceder en
Navarra, marca el presente y marcará el futuro del PSOE, pues supone para los
socialistas iniciar el camino del no retorno al constitucionalismo.
La socialista, María Chivite,
llega a la presidencia de Navarra gracias a EH Bildu, gracias a los herederos
de ETA, gracias a los camaradas de esos que asesinaron a muchos compañeros
suyos, gracias a un partido que se niega a condenar los crímenes que
perpetraron sus mayores. María Chivite, el PSN, y el propio PSOE, han
desplegado en esta negociación, una falta de escrúpulos que asusta.
Pero tras esta negociación
hay mucho más, la colonización panvasquista que anhela el PNV y que inicio Uxue
Barkos, se recrudecerá, al histórico y glorioso Reino de Navarra pretenden
anexionárselo los vascos, y viendo los puntos del acuerdo asumidos por la nueva
presidenta, una traidora a su tierra, nos damos cuenta por donde van a ir las
cosas.
El nuevo gobierno socialista
navarro continuará con el programa de coeducación sexual y afectivo Skolae, que
resumiendo es simplemente adoctrinar en la “corrupción de menores”; acordará
con el gobierno de Pedro Sánchez asumir las competencias de Tráfico y Seguridad
vial, para así hacer desaparecer a la Guardia Civil de las carreteras navarras,
medida que llenará de júbilo a los proetarras; el polémico decreto del euskera
en la Administración Pública navarra, ese que en su día el PSOE quería derogar,
ahora se mantendrá y endurecerá; y para terminar, se pondrá en marcha otra “Ley
de Abusos Policiales” referente a la violencia de origen político padecida por
víctimas de grupos de extrema derecha y funcionarios policiales, por patriotas
y por policías, los únicos que defienden a nuestra Nación en el País vasco y
Navarra, ahora los socialistas legislarán contra ellos.
Ya lo dijo la madre de los
Pagaza, “veremos cosas que nos helarán la sangre”.
Lo cierto es, que un partido
como EH Bildu, que en Francia o Alemania, sería ilegal, aquí, le da gobiernos
autonómicos al PSOE, prueba de la loca deriva en la que anda inmersa la
izquierda española, esa que en nada se parece a la que hay en otros países de
nuestro entorno.
