Uno de los objetivos que se
ha marcado Pedro Sánchez es el de sacar los restos de Franco del Valle de los
Caídos, una obsesión argumentada en la versión histórica inventada de la
izquierda sobre todo lo que ocurrió en España desde la proclamación de la II
República hasta la muerte de Franco. Desde el exterior, los historiadores se
sorprenden al ver, como mientras los partidos que se sienten herederos del
Frente Popular de entonces, imponen su falsa versión, los partidos democráticos
que no son de izquierdas, presos de sus complejos, se niegan a defender la
verdad histórica por temor a que les pongan la etiqueta de “franquista”.
La II República llegó, porque
Alfonso XIII fue presa del pánica al ir conociendo los resultados electorales
de las grandes capitales, y salió huyendo, si se hubiese quedado, hubiera
comprobado como el recuento en la España rural hubiese neutralizado y superado
al de la España urbana. Lo cierto es, que el nuevo régimen inició su camino despertando
la ilusión entre las clases trabajadoras.
Los años fueron pasando, y
los republicanos moderados se vieron desbordados por quienes seguían las
consignas de Stalin. Nuestras generaciones más jóvenes, esas a las que les
cuentan tantas patrañas sobre esa época, ni se imaginan como era la vida en
España desde febrero de 1936, pues en esa fecha, un Frente Popular formado por
totalitarios socialistas, comunistas y anarquistas y por separatistas
golpistas, se hicieron con el poder a través de unas elecciones fraudulentas, y
de inmediato desataron una ola de violencia, quema de iglesias y asesinatos de
quienes no pensaban como ellos.
El periódico El Socialista,
llamaba abiertamente a hacer en España lo mismo que se había hecho en Rusia, y
a la eliminación de los rivales políticos. El estalinista Largo Caballero
(PSOE), uno de los padres políticos de Pedro Sánchez, era muy claro al
respecto, “la revolución que queremos solo puede obtenerse por medio de la
violencia”.
Lógicamente, la media España
que totalitarios y separatistas querían someter y aplastar iba a resistirse a
morir. A partir de marzo, un grupo de militares y civiles encabezados por el
general Mola comienza a preparar un “movimiento nacional que evite la ruina y
la desmembración de la Patria, que solo se desencadenará en caso de que la
circunstancias lo hagan absolutamente necesario”.
El 12 de julio de 1936, la
policía republicana asesina al líder de la derecha José Calvo Sotelo, y el
Gobierno en lugar de arrestar a los responsables detiene a la gente de
derechas. Franco, que hasta ese momento se habría mostrado contrario al
alzamiento con gran irritación de los conjurados, decide unirse a él. “El
gobierno de Madrid ha caído en manos de unos pistoleros”, clamaría D. Miguel de
Unamuno desde Salamanca, uno de los padres intelectuales de la República. El
levantamiento del 18 de Julio, no se realizó contra un gobierno legítimo como
pretenden socialistas, comunistas y separatistas, sino contra un desgobierno
revolucionario, decidido a acabar con la media España que no pensaba como
ellos.
Frente a lo que nos dice
ahora la izquierda, en la década de los 30 del pasado siglo, no existía la
democracia en España, ni unos ni otros luchaban por ella, unos luchaban para
convertir a España en un país satélite de la URSS, y otros para liberarla del
yugo comunista que se vislumbraba. Franco fue el único que consiguió derrotar
al comunismo en el siglo XX, y lo hizo contra todo pronóstico, pues la
República lo tenía todo, y él y los suyos, muy poco.
Si a los artífices de la
Reconquista, que finalizaron los Reyes Católicos, les debemos la libertad y que
nuestras mujeres no vayan con burka, a Franco le debemos habernos librado de
medio siglo de yugo comunista.
Por ello, Pedro Sánchez,
entiende la exhumación de sus restos como una victoria en diferido, este
apóstol de la mentira y del odio, está dispuesto a reabrir las trincheras de
1.936 y enfrentar a media España contra la otra media, imponiendo la perversa
visión del Frente Popular, y eso, mientras que la derecha parlamentaria
española mantiene un vergonzante silencio.
Sin la Transición, no
hubiéramos tenido democracia, sacar los restos de Franco del Valle de los
Caídos supone renegar de la Transición y sustituir nuestra débil democracia,
por una partitocracia asentada en la mentira histórica. Desde ahora, los
españoles tendremos que decidir, entre defender este engendro de partitocracia
o a España. Yo lo tengo muy claro.
