Mientras que, en el País
Vasco y Navarra, se humilla a las víctimas del terrorismo con actos de
exaltación de sus asesinos en muchas localidades, este Gobierno no mueven un
dedo para evitar que los proetarras desacrediten a la Guardia Civil, el cuerpo
que ha llevado sobre sus espaldas lo más duro de la lucha contra ETA.
El Ospa Eguna, día del Odio
contra la Guardia Civil para pedir la expulsión de este cuerpo de Navarra, se
celebra con la permisividad de la Fiscalía y el Ministerio de Justicia, pues su
jefe, su presidente, Pedro Sánchez, no quiere enfadar a Bildu, pues su apoyo en
una investidura le puede ser imprescindible a corto plazo.
Pero es evidente que el
problema hoy es la frivolidad con la que el presidente Pedro Sánchez cambia sus
principios y su discurso, de un día para otro, según sus intereses políticos y
su instinto de supervivencia. El hombre que llegó a La Moncloa gracias al voto
de Bildu y los independentistas catalanes pretende presentarse ahora como el
abanderado de los constitucionalistas, mientras sigue pactando bajo la mesa
contra las fuerzas cuyo único objetivo es destruir la nación.
Que la Fiscalía haya
descartado solicitar que se prohíba el acto, al considerar que los hechos no
pueden tipificarse como un delito de odio previsto en el artículo 510 del
Código Penal, demuestra el nivel de degradación al que somete al Estado un
individuo, para el que todo lo que le garantice su supervivencia política, es
lícito de utilizar por muy infame que sea.
