Siempre pensé, que un indulto era un acto de generosidad del Estado con delincuentes arrepentidos. Desde ayer sabemos, que ese instrumento en manos de un presidente infame y amoral, puede convertirse simplemente en parte de su estrategia política.
En su discurso del Liceo barcelonés, Sánchez, bordó esa pose típica en él de chulo de playa, que no es otra, que la de uno de los políticos más dañinos de nuestra historia.
De todos los que han participado en que esos indultos lleguen a buen fin ¿Cuántos tendrán problemas de conciencia?
Sánchez ha consumado un gran atropello a la autoridad, ha conseguido la claudicación de todo su Gobierno, la rendición del Parlamento, y va a obligar al Jefe del Estado a firmar, aunque después tenga que vomitar por lo firmado. Junqueras lo ha definido mejor que nadie diciendo que “los indultos son la prueba de la debilidad del Estado”.
Los partidos golpistas lo han dejado muy claro, quieren amnistía y autodeterminación, su fin último es el de romper la unidad nacional ¿qué es lo que no entiende Sánchez?
Mi generación ha tenido la gran mala suerte de coincidir en el tiempo con los dos peores presidentes de la historia de nuestra Nación en siglos, Zapatero y Sánchez, dos tipos que se han dedicado durante sus mandatos a quitar al Estado las armas que tiene para defenderse de sus enemigos internos.
Sánchez quiere liderar una segunda Transición que nos lleve a una nueva España, y lo está llevando a cabo imponiendo de facto una reforma encubierta de la Constitución. Lo triste es ver que muchos españoles no perciben el peligro que se avecina.