Si ya fue muy grave, que
Pedro Sánchez, su esposa, familiares y amigos, se desplazaran los días 20 y 21
de julio a Castellón en un Falcón oficial para asistir a un concierto del FIB de
Benicasim, mucho más grave es que ahora, este golfo tenga la desvergüenza de
declarar ese viaje como de “secreto oficial” para así evitar dar las lógicas
explicaciones que se le reclaman.
Cuando los medios se
hicieron eco del asunto, y destaparon el pastel, fuentes de presidencia nos
dijeron que se trataba de un viaje oficial, cuando en la agenda del presidente
no aparecía ese viaje. Para vestir el viaje como de “oficial”, se entrevistó un
cuarto de hora con la alcaldesa y otro rato con el presidente de la Comunidad
Autónoma, todo cantaba demasiado.
La Agencia de Noticias
Servimedia, bajo el amparo de la Ley de Transparencia, solicitó cual fue el
coste de los cuatro vuelos, la identidad de todos los acompañantes de Sánchez,
y el gasto derivado de la apertura del Aeropuerto de Castellón. Pedro Sánchez,
al verse acorralado, ha convertido en fraudulento un derecho de la presidencia
del Gobierno, ha optado por la golfería de declarar secreto oficial un viaje
pagado con el dinero de los españoles del que se han beneficiado amiguetes y
familiares. La catadura moral del okupa de La Moncloa, abochorna.
Pese a ser un lego en esta
materia, entiendo que perfectamente se podría denunciar ante los tribunales lo
hecho por Sánchez, pues parece, que nuestro presidente podría haber cometido
más de un delito. Parece que peligrosamente nos estamos acostumbrando a estas
“vergüenzas nacionales”, pues en nuestra política hay tantos desvergonzados que
estos comportamientos empezamos a verlos hasta como normales.
