Nuestro infame presidente, Pedro Sánchez, ha cambiado el salón de sesiones del Congreso, por una mea de cesiones con sus socios separatistas del gobierno catalán. Hurtar nuestra soberanía nacional al Congreso de los Diputados para trasladarla a una mesa bilateral “entre dos gobiernos”, uno nacional y otro regional, es algo que no tiene precedente alguno en los países democráticos de nuestro entorno.
Lo que parece claro es que, Pedro Sánchez, es capaz de todo con tal de mantener contentos a esos socios suyos, esos que le desean lo peor a nuestra patria, pero que con sus votos le pueden aprobar los PGE y garantizarle su continuidad como residente en La Moncloa.
A la ciudadanía española se nos oculta cual va a ser el orden del día de la reunión, y por supuesto, nada de luz y taquígrafos, se nos ocultarán los acuerdos que no les interese a Sánchez que se conozcan y que le puedan perjudicar electoralmente. Sánchez, con tal de conseguir sus objetivos personales, es capaz de poner en jaque a nuestro sistema constitucional, incluso sería capaz, si no le queda otra, de acceder a la celebración del referéndum de autodeterminación llamándolo “consulta”.
Los tres partidos de la oposición han denominado esta mesa de muy distintas maneras, de la indignidad, de la vergüenza, de la traición, de la rendición, y lo cierto es que, Pedro Sánchez, ha demostrado en numerosas ocasiones que es un presidente indigno y un traidor, un líder socialista que, a este paso, puede conseguir hasta destruir a su partido.
Hacen muy bien los presidentes autonómicos que ya han manifestado que le exigirán a Sánchez una mesa bilateral similar, eso sí, para hablar de lo que sí les interesa a los ciudadanos españoles de sus regiones.
En esto ha desembocado el Régimen del 78, cesiones millonarias a los gobiernos separatistas, y los extremeños viajando en trenes del siglo XIX. Por no hablar de esas colas del hambre que se multiplican por toda España.