Desde que por tiempos de los Reyes Católicos se consiguió unir nuestra Nación, ha habido periodos de monarquía absolutista, de monarquía parlamentaria, de república, de dictadura y de democracia, pero en ninguno de ellos, el que gobernaba se atrevió a cometer una afrenta contra su pueblo como la que protagonizó el infame de Sánchez ayer en Barcelona.
Llegó al Palacio de la Generalidad y no fue recibido por Aragonés, le recibió el golpista que dirige a los Mossos, se inclinó ante la bandera de la comunidad autónoma como si fuese de otra nación, estando ausente la de todos los españoles, y habló de “dos presidentes” como si la nación que él representa y una región que es solo parte de ella estuviesen al mismo nivel. Fue una pantomima insultante destinada a contentar a las parroquias de ambos y sin poner en riesgo la firme alianza que mantienen el PSOE y ERC. Nadie sabe, ni sabrá, lo que en esa reunión se habló y las decisiones que se tomaron.
Si Sánchez afirma que no podrá haber referéndum de autodeterminación ni amnistía, ya que sabe que si lo permitiera iría a la cárcel, y si Aragonés sostiene todo lo contrario, la mesa debió quedar disuelta ayer mismo, pero no, van a seguir hablando, evidentemente, alguien nos está mintiendo.
Sánchez pretende pasar a la historia, como el super héroe del dialogo, y lo va a hacer a base de cesiones en cada reunión, quitándonos fondos a los demás españoles, para dárselos a los separatistas, que no al pueblo catalán, pues a la mayoría de ese pueblo, su gobierno regional le pisotea a diario sus derechos fundamentales y sus libertades. Y lo más lamentable, aquí nadie mueve un dedo.