Tengo que reconocer ante vosotros, que siento una gran vergüenza, cuando veo en los medios de comunicación “que aún no se han vendido a la izquierda” informaciones como la relativa a las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre impartir asignaturas en español en las aulas catalanas, calificándolas como de “varapalo” a la Generalidad separatista catalana. Solo consiguen sentencias favorables que no se cumplen, los padres que se atreven a denunciar, al resto se les ha arrebatado sus derechos para siempre, vergonzoso.
Dar este tipo de titulares cuando el gobierno catalán lleva décadas incumpliendo todas las sentencias lingüísticas que van en esa dirección me parece, como mínimo, engañoso.
Seamos honrados, al menos Pedro Sánchez tiene un motivo personal de peso para no molestar a sus imprescindibles socios separatistas, esos con los que sin su apoyo dejaría de habitar La Moncloa, ese gran motivo es simplemente el de mantenerse en el poder.
Pero que alguien me explique, qué motivos tenía Mariano Rajoy cuando disfrutaba de mayoría absoluta para impedir que actuara la Alta Inspección del Ministerio de Educación en Cataluña. Solo podía tener un motivo, un motivo de peso, su gran cobardía. Y no nos equivoquemos, Pablo Casado, es otro Rajoy, es otro cobarde demostrado, y sin un Abascal como vicepresidente suyo que le tuviese permanentemente trincado por sus partes blandas, no se atreverá a hacer nada de lo que tiene la obligación de hacer, esos cambios de calado tan necesarios para devolver a nuestra Nación, a España, a la senda de la que nunca debió apartarse, derogando en el primer año de legislatura todas las leyes aprobadas en las últimas dos décadas por todos los que quieren lo peor para España y los españoles.
Mientras menos diferencia de escaños exista tras las próximas elecciones generales, entre PP y Vox, más garantía de éxito tendremos.