En plena gira “turística” por
Hispanoamérica, Pedro Sánchez, ha realizado unas declaraciones sobre Venezuela
que definen claramente la catadura moral que tiene, y también, que se sitúa en
la misma línea que ese “mercenario” de la política internacional llamado
Zapatero.
Decir a estas alturas de la
película, que “Para salir de la crisis, Venezuela debe dialogar consigo misma”
es como mínimo infame. No se ha atrevido a hacer el más mínimo reproche a
Nicolás Maduro ni al resto de los jerarcas bolivarianos, no ha tenido ni una
sola palabra de apoyo al pueblo venezolano, ese que padece un enorme drama
económico, social y humanitario.
Para Pedro Sánchez, que casi
dos millones y medio de venezolanos se hayan visto abocados a abandonar su
país, es irrelevante; que en los últimos años el peso medio de los venezolanos
haya descendido en once kilos debido a la hambruna existente, le parece
irrelevante; que la policía política bolivariana disponga a su antojo de la
vida de la población, le parece irrelevante; que el comunismo haya convertido a
Venezuela, un país muy rico en otro tiempo, en un país donde solo viven bien
aceptablemente los carceleros, le parece irrelevante; que el pueblo muera de
hambre, por la escasez y prohibitivo precio de los alimentos básicos, le parece
irrelevante; que los venezolanos mueran por la falta de los más esenciales
medicamentos, le parece irrelevante.
Sánchez, instalado en la
locura permanente, apuesta por el famoso mantra del “dialogo” entre el
torturador y el torturado, entre el opresor y el oprimido, entre el asesino y
la víctima. Los españoles echamos de menos, que nuestro presidente pida el
regreso de la democracia a Venezuela, en vez de mantenerse equidistante entre el
tirano y el pueblo que lo sufre.

Está más que comprendida su postura, ya q se trata de alguien indigno, impresentable, indeseable, además de lelo, lerdo y muy pero que muy codicioso.
Solo hace lo que le permit Iglesias y este tema como a un nublado a Maduro