Mientras escribo este
artículo de opinión, se está perpetrando la profanación de la tumba de
Francisco Franco, el general que, tras derrotar militarmente a los esbirros de
Stalin, gobernó España durante 36 años. Esta profanación se está perpetrando,
sin rendirle los honores que establecen las leyes por haber sido Jefe del
Estado y capitán general, y sin que ni siquiera se permita que su féretro esté
cubierto por la bandera nacional. Una venganza en toda regla perpetrada por un
presidente socialista en funciones que se siente heredero de quienes fueron
derrotados hace 80 años por quien yacía en el Valle de los Caídos.
A esta situación se ha
llegado, gracias a una sentencia política de un Tribunal Supremo dependiente
del poder político, y que se sustenta en la perversa ley de Memoria Histórica,
en la que los herederos de los derrotados en nuestra Guerra Civil pretenden
imponernos su visión manipulada de la Historia. Franco no era un santo, pero
sus enemigos durante la guerra se parecían mucho a los demonios. El Alzamiento
Militar salvó a media España de un genocidio, sobre todo a la Iglesia y a sus
fieles, y ahora sonroja ver como esa Iglesia a la que tanto defendió se lava
las manos y le traiciona tan vilmente. Y qué decir de los herederos actuales de
la derecha perseguida de entonces, y me refiero a PP y a Ciudadanos, otros que
presos de los complejos y la cobardía han permitido esto con su silencio.
La familia Franco, se
convierte en la única de este país a la que se le impide ejercer uno de los
derechos más fundamentales, que no es otro, que el de enterrar a sus muertos
donde desee, pues hasta en la infame sentencia del TS se dice que se le
entierre donde quiere el gobierno, algo inaudito.
Hoy se liquida la Transición,
aquel proceso alabado internacionalmente. Entonces se apostó por el perdón y la
reconciliación, y hoy se reavivan los ancestrales odios que se creían superados
entre las dos Españas. Mientras sucede lo de hoy, el genocida comunista,
Santiago Carrillo, goza de los honores de tener calles a su nombre. La
Transición ha muerto.
Pedro Sánchez se presenta a
las elecciones del 10-N con un balance espectacular, ha conseguido desenterrar
a Franco y nada más. Si él cree que esa execrable acción le va a dar votos,
está equivocado. Espero y deseo, que el 10-N los españoles exhumen a Pedro
Sánchez de La Moncloa.
