Falta poco más de una semana para la celebración de las elecciones autonómicas catalanas, unas elecciones que se celebran en medio de una terrible pandemia, algo inédito. Lo cierto es, que los colegios electorales se van a convertir en algo parecido a aquellas manifestaciones feministas del 8-M del pasado año, es decir, en infectódromos. Si las cifras de contagios en Cataluña están disparadas en la actualidad, imaginaros cómo van a estar pocos días después de las elecciones.
La sociedad catalana es general, tiene miedo a contagiarse al ir a votar, y por eso, el voto por correo se ha disparado, y también, muchos de los citados para constituir las mesas han manifestado su miedo a ir, recurriéndolo. Probablemente, más de la mitad de las mesas no se puedan constituir, por lo que probablemente se recurra a constituirlas con los primeros ciudadanos que acudan a votar, por ello, ya han dado las oportunas órdenes los partidos separatistas para que los primeros de las colas sean los suyos y así, controlando las mesas, poder dar un más que posible “pucherazo”.
Hay que tener en cuenta que, ni entre los tres partidos constitucionalistas son capaces de cubrir las plazas de interventores en todos los colegios catalanes, y posiblemente, ni siquiera de apoderados. Y eso sería estando de acuerdo, cosa que no ocurre.
También tengo serias reticencias al voto por correo, pues el PSC ha sido el que más lo ha solicitado y el jefe de Correos es un personaje de la máxima confianza de Sánchez. Es muy previsible que, la abstención, bata todos los records en Cataluña por el miedo al contagio.
Conociendo todas estas circunstancias, parece lógico pensar, que estas elecciones van a carecer de legitimidad, y lo mismo, hasta de legalidad, aunque es seguro que nadie investigará las posibles irregularidades.
Nos dicen que hay que respetar el derecho fundamental de votar, y los mismos, conculcan a diario los derechos fundamentales de los hosteleros y de los comerciantes.