Pertenezco a una generación,
en la que cuando éramos niños, tanto en el colegio como en el seno de nuestra
familia, nos enseñaban a diferenciar entre el bien y el mal, y también nos
enseñaban que las leyes había siempre que cumplirlas, pues si no lo hacíamos
tendríamos que apechugar con las consecuencias de nuestra mala acción. Digo
esto, porque viendo lo que sucede ahora en España, parece que todas las
enseñanzas que recibí, de padres y maestros, ya no se cumplen, ya no sirven.
El tan esperado Art. 155 se
ha convertido en una farsa, ha sido retorcido de tal manera por nuestro
Gobierno y sus socios, que su “aplicación” se está convirtiendo en fuente de
constante indignación para los españoles de bien.
A los partidos golpistas, no
los ilegalizan y les permiten presentarse a las elecciones, incluso sus
imputados, encarcelados y hasta huidos dirigentes pueden ser candidatos; a la
minoría radical que convoca una huelga general y secuestra a los catalanes, les
dejan apropiarse de la calle y no le permiten a la policía intervenir para
evitarlo; utilizan menores para perpetrar sus fechorías y nadie dice ni pío;
los dirigentes que se rebelaron, ahora nos dicen que era solo “simbólico” y
están deseando liberarlos; TV3 y demás medios públicos catalanes siguen
destilando veneno antiespañol y no se atreven ni a toserles. Todo vomitivo.
Vivimos en un país, en el que
das un golpe de Estado y eres excelentemente tratado por la justicia, en
cambio, si eres un padre de familia parado de larga duración que ya no cobra
prestaciones, y robas para dar de comer a tus hijos, la justicia es implacable
contigo; o como pasó aquí en Sevilla, robas una bicicleta, después te
rehabilitas y creas una familia, y al tiempo te encarcelan sin piedad alguna, y
eso ocurre mientras ningún político corrupto ha devuelto lo robado, y hasta
muchos de ellos, están en libertad. Esta es la indigna libertad en la que
vivimos gracias a la partitocracia y a sus autonomías, esos instrumentos
creados para el saqueo.
Al final va a resultar, que
Puigdemont y sus secuaces huidos, son los más honrados de todos, pues al menos
siguen fieles a lo que perpetraron.
Cuando se aprobó en el Senado
aplicar el Art. 155 se nos dijo, que se hacía para que se recuperara la
legalidad en Cataluña, el orden social y político, para que los catalanes no
independentistas recuperasen sus pisoteados derechos y libertades. Nada de esto
se ha llevado a cabo ni tienen la más mínima intención de hacerlo, ya es muy
evidente.
Y todo esto ha sucedido con
un gobierno del Partido Popular, un partido que desde que lo lidera Mariano
Rajoy se ha ido dejando por el camino todos aquellos valores y principios que
atesoraba la primigenia Alianza Popular. Ahora los populares se preocupan
cuando leen que los sondeos dicen que muchos de sus siempre fieles votantes van
a optar por Vox y que como mínimo, Santi Abascal, va a tener escaño por Madrid.
Eso les pasa por haberse convertido en un simple grupo de intereses corrupto
hasta la médula ¿Qué esperaban?
Y el corrupto PSOE no está mucho mejor,
el cambio de la Constitución que propone para intentar contentar a los que
nunca se sentirán contentados, a los nacionalistas, lo único que nos demuestra,
es que ha renunciado totalmente al que ha sido el santo y seña del socialismo
desde su aparición, ha renunciado a la igualdad. Ahora es cuando la renacida
UPYD tiene la oportunidad de levantar la bandera de la igualdad, ese principio
al que se ha mantenido siempre fiel, y recuperar ese voto, constitucionalista y
progresista, que se siente absolutamente huérfano.
