Cuando Israel se convirtió en un país independiente en 1948, el territorio que, a día de hoy, forma parte del Estado judío, estaba bajo protectorado británico, fue la ONU quien decidió que dicho territorio se dividiría en dos Estados, algo a lo que los árabes se opusieron por su antisemita negativa a convivir con los judíos.
Desde 2005 no viven judíos en Gaza, ya que Israel retiró los asentamientos judíos de la zona, mientras que, en Israel, el 20 % de la población son árabes, y más del 80 % de ellos son musulmanes de religión. Prueba de que tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano judío, es que a día de hoy hay tres partidos árabes representados en el Parlamento israelí.
El 7 de octubre de 2023, hace dos años, el Estado de Israel fue víctima del mayor ataque terrorista de su historia, fue la mayor matanza antisemita desde el Holocausto, un hecho que conmocionó profundamente a la sociedad israelí, víctima de un ataque perpetrado por unos fanáticos que no aceptan la existencia del pueblo de Israel. Unos fanáticos que, desde la independencia del Estado de Israel en 1948, vienen intentando exterminar a los judíos y completar el genocidio iniciado por los nazis.
Hoy muchos acusan de cometer “genocidio” a Israel, cuando genocidio no es matar a un número elevado de personas, sino hacer lo propio atendiendo a un elemento subjetivo, como es asesinar en base a su raza, religión, ideología o cualquier otra circunstancia, teniendo como fin último lograr la desaparición completa de un grupo de población, algo que desde luego no casa con el gobierno israelí, que avisa previamente de sus ataques y pide a la población civil que evacúe Gaza, algo que es sistemáticamente impedido por los terroristas de Hamás, que utilizan a los civiles como escudos humanos, un crimen de guerra en toda regla.
En base a las cifras verificadas por la ONU, desde 2023, Israel ha matado a 765 personas y Hamás, a 1008 israelíes, muchos de los cuales eran civiles desarmados asesinados a tiros, además de incendiar viviendas con familias enteras en su interior. En base al ignorante y falaz concepto de lo que es un genocidio al que se ha aludido antes, ¿cómo se puede sostener que Israel lo comete y su contraparte Hamás no? En su Carta Fundacional, dicha organización terrorista recoge como objetivo expreso exterminar a los judíos.
En proporción, el 7 de Octubre fue el mayor atentado terrorista sufrido por la sociedad occidental, teniendo en cuenta el número de víctimas y la población de Israel. Ese ataque fue un hecho que debería haber removido conciencias, pero en vez de eso, ver que el pueblo judío ejercía su derecho a defenderse y no se dejaba matar dio lugar a una reacción puramente nauseabunda por parte de la parte más fanática, miserable y moralmente enferma de nuestra sociedad.
Como ya ocurrió otras veces, la extrema izquierda y el islamismo se unieron para convertir al país atacado en el malo de la historia, para criminalizar a los judíos por no dejarse torturar, secuestrar, violar y asesinar sin responder con contundencia a los criminales de Hamás. Occidente se ha visto recorrido por la mayor ola de antisemitismo desde el Tercer Reich, una ola de odio a los judíos impulsada por los mismos que llevan años acusando de «odio» a todos los que no opinan como ellos. Muchos que se hacen llamar «antifascistas» han demostrado ser tan antisemitas como los nazis de los que abominan. Los nazis de hoy llevan banderas palestinas y estrellas rojas en vez de esvásticas.
Esta guerra ha dejado arrasado el territorio del que salieron los terroristas que atacaron Israel hace dos años. Si Gaza está en ruinas es por culpa de Hamás, que inició esta guerra con el mismo propósito con el que los enemigos de Israel empezaron todas sus guerras desde 1948, destruir a los judíos.
Ese nivel de destrucción no es imputable a Israel, cuyo ejército ha actuado con una precisión sin precedentes en la historia de las guerras urbanas. Fue Hamás la que decidió usar a los civiles de Gaza como escudos humanos, cometiendo así un crimen de guerra, escondiendo arsenales bajo escuelas, hospitales y edificios residenciales. Es a Hamás a la que hay que pedirle cuentas por la destrucción de Gaza.
En 2023, tras el horror terrorista de Hamás, Sumar, Podemos e IU se negaron a condenar los ataques contra Israel que desencadenaron esta guerra y en los que no mediaron provocación previa. No debe olvidarse que lanzaron más de 10.000 de cohetes contra población civil, han difundido vídeos en los que obligaban a los rehenes a cavar sus propias tumbas antes de matarlos, han quemado vivas a familias dentro de sus hogares y han violado y torturado mujeres.
Israel sufrió el mayor ataque desde el Holocausto, con 1200 muertos y 250 secuestrados, de los que sólo quedan unos pocos con vida, pero eso no mereció la menor condena por parte de la izquierda radical, que parece valorar la vida humana según el origen de la persona.
Yo lo tengo clarísimo, entre el Estado de Israel y la alianza de islamismo y extrema izquierda, me quedo con Israel, un país creado sobre los restos de los supervivientes de un genocidio, un país que ha logrado alcanzar unos niveles de prosperidad y libertad que no existen en ningún otro país de la región.
Hay que no dejarse llevar por la manipulación Sanchesca