Cuando llegó la democracia, catalanes y vascos, tenían preparadas sus banderas y sus llamados “padres” de esa cosa antiespañola que defienden. La izquierda y sobre todo, la extrema izquierda andaluza, muy activa en ese tiempo, se apresuraron en, para no ser menos, inventarse una bandera y un supuesto padre de su autonomía. La derecha de ese tiempo, Alianza Popular, aún mucho más temerosa y acomplejada que la de ahora, tragaron con todo lo que les impuso la izquierda, acatando así la bandera verdiblanca y a Blas Infante, un individuo cuya trayectoria vital carece de méritos para serlo y muchos, muchos deméritos.
Que Juanma Moreno abrace el andalucismo y haya conmemorado el 137 aniversario del nacimiento de Blas Infante, es simplemente por conveniencia, porque electoralmente le es rentable en ese afán del PP de Feijóo de recibir votos de todos los graneros posibles.
España es un país que olvida fácilmente a sus héroes más insignes y premia y reconoce a sus grandes traidores. Dentro de la categoría de grandes traidores a España, ocupa un lugar preferente Blas Infante, un individuo convertido al islam en 1924, que pensaba que Andalucía debería ser parte de aquellos que la ocuparon durante casi ocho siglos.
Blas Infante mantuvo muy buena relación con el carnicero de Monjuit, Lluís Companys, posiblemente el mayor asesino de catalanes de la historia. Ambos compartían un proyecto en común, la disolución y la destrucción de España. Estos son los héroes actuales a los que el Partido Popular homenajea y blanquea en Andalucía.
No se entiende que acepten a Blas Infante, y se escandalicen con los escritos y el comportamiento de Sabino Arana o Prat de la Riva, cuando nos vienen a decir prácticamente lo mismo, pero cada uno aplicado a la región que los vio nacer. Homenajear a Blas Infante, es homenajear a la anti España, dar carta de naturaleza a todo tipo de separatistas e independentistas. Es estar al lado de los que desean la destrucción de nuestra nación.
Para mí, el padre de la Andalucía actual es claramente Fernando III El Santo, quien nos libró del yugo islamista que somete a la mujer y pretende acabar con nuestra libertad.