La decisión de Pedro Sánchez,
de someterse a la investidura el 22 de julio, cuando a fecha de hoy no cuenta
con los apoyos necesarios, constituye a mi entender un «fraude de ley», o como
mínimo, pervertir la misma.
La situación es muy clara a
fecha de hoy, PP, Ciudadanos y VOX han anunciado que votarán en contra, y por
su parte, Unidas Podemos ha declarado por activa y por pasiva, que solo le
apoyará si acepta constituir un gobierno de coalición con ellos. Si tenemos en
cuenta, que el PSOE ha rechazado esa posibilidad, nos encontramos ante un
candidato que va a utilizar la investidura a modo de chantaje contra los de
Iglesias.
Pero no es solo eso, también
ha dicho Sánchez que, si no sale elegido en la primera votación, renunciará a
la segunda y convocará elecciones probablemente para el 10 de noviembre, para
añadir así más presión a Iglesias.
Teniendo en cuenta que
Iglesias, ha casi suplicado, entrar en el gobierno de Sánchez como condición
innegociable, supondría una gran humillación darle sus votos quedándose fuera,
aunque también es cierto que, de repetirse elecciones, su partido se hundiría y
se quedaría en los máximos registros que obtuvo el comunismo español en tiempos
de Julio Anguita, algo que aventuran casi todos.
La situación de Ciudadanos no
es tan grave como la de Unidas Podemos, pero todo indica, que los de Rivera
bajarían gracias a sus constantes bandazos y a sus absurdos e incomprendidos
vetos. Por su parte, el Partido Popular y VOX, tienen poco que perder y mucho
que ganar, de repetirse las generales.
La gran pregunta es, si entre
el PSOE y Podemos, de celebrarse nuevas elecciones, sumarían más que ahora, yo
tengo serias dudas, pero con este presidente en funciones, todo puede pasar.
