La idea de progreso no puede limitarse al ámbito de lo económico y lo científico, también debería extenderse a esa aspiración que parecen tener solo unos cuantos “raritos” de nuestra sociedad que pretenden cada día superarse como personas, mejorar a diario en el ámbito espiritual y moral.
Es indiscutible que nos ha tocado vivir una época de agitación y desconcierto en la que todo lo que parecía indestructible parece desmoronarse. A ello ha ayudado sobremanera el hecho de que el mundo parece haberse convertido en una cinta sin fin, en un film en el que las polémicas, las catástrofes, las injusticias y los crímenes son el fruto de ese egoísmo que impera.
Qué porcentaje de la población mundial cree aún en nuestro mundo, en su Estado, en su sociedad, en sí mismos. Los soñadores de antaño ya no existen, quitando a esos pocos “raritos”, ni siquiera, esa mayoría pudiente aunque aborregada es capaz ya de disfrutar del ocio sano de antaño, ahora, solo disfrutan a través de peligrosas dosis de actividades que les provocan emociones fuertes y diversión, porque los menos pudientes, la gran mayoría de los individuos se ven obligados a trabajar en la lucha por su subsistencia, sin tiempo para aburrirse.
Y eso que supuestamente disfrutamos de la era del ocio. Menos horas de trabajo, vacaciones y festivos, vivimos más. Disfrutamos de mucho más tiempo libre del que han disfrutado los seres humanos en toda la historia. Pero curiosamente, el número de ciudadanos ociosos multiplica al de los que saben disfrutar de ese ocio gratificante que siempre existió. La explicación puede estar en que hasta hace bien poco la lucha por la existencia apenas si dejaba tiempo libre al ser humano y no está preparado para ello.
Lo cierto, es que muchos de quienes nos rodean sienten como si en el centro de su pecho se hubiera generado un inmenso vacío imposible de llenar, una exasperante insatisfacción que domina nuestro tiempo, son incapaces de combatir el aburrimiento ni sienten motivación por nada.
Y algunos de vosotros pensaréis ¿y a donde quiere llegar este tío con lo que dice? Pues es muy sencillo, los de mi generación teníamos claros cuales eran los objetivos de nuestra vida y que la dotaba de sentido. En cambio, ahora, partiendo de que no se tienen claros los objetivos vitales, los que dirigen el mundo le han cortado el pienso a una humanidad incapaz de rebelarse y que se conforma con subsistir aceptando que su final más lógico es el fracaso.
La sociedad del Estado de bienestar, del ocio y de la mejora de la calidad de vida, fue una especie de “espejismo” del que disfrutamos los de mi generación, pero desengañémonos, ahora ya solo existe la sociedad que lucha por subsistir, evidentemente, solo se libran de esto ese mínimo porcentaje de personas ricas en lo material y la mayoría de ellas, muy pobres en lo esencial.
Ese saber y conocimiento que en la Grecia clásica estaba en manos de los más brillantes, ahora ha acabado en manos de un ejército de cuentistas y charlatanes que han colonizado los organismos internacionales, gobiernos locales, instituciones, universidades, corporaciones y cultura. Una industria de gente ociosa y perfectamente prescindible que, para justificar su existencia, para cada problema o amenaza encuentra siempre una solución equivocada, incluso se atreven por norma a crear problemáticas inexistentes con las que proscribir la realidad y conservar sus puestos indefinidamente.
Solo esos “raritos” de los que hablé al principio, a los que lo mismo pertenezco, son capaces de desmontar las mentiras, los dogmas y las barreras políticas, burocráticas e ideológicas que nos atenazan y mirar al mundo de frente, con valentía, ingenio y esperanza, pues solo así los seres humanos podrán deshacer esas vías por las que siempre caminan y les conducen a la infelicidad y hasta al matadero.
Estoy releyendo fahrenheit 451 y comentándolo con una muchacha rusa y a ambos nos parece un libro profético. Blas infante y el vasco Sabino Arana unos «iluminados». según su opinión y la mía. Merece la pena releer para comprobar que tenemos lo que nos merecemos.