La ministra de Sanidad, la ultraizquierdista Mónica García, anunció la creación de un registro de médicos objetores al aborto, es decir, una lista negra de médicos que se niegan a asesinar niños cuando aún están en el vientre de sus madres, que se niegan a convertirse en verdugos, que se niegan a ser cómplices de una práctica monstruosa que se lleva a cabo contra los seres humanos cuando más débiles e indefensos se encuentran.
Se legalizó el crimen del aborto y lo denominaron “derecho”, es decir, por el mero hecho de que un hijo por nacer no sea deseado justifica que se le imponga la pena de muerte.
Ahora toca el señalamiento público de los médicos y resto de personal sanitario que se nieguen a colaborar en esa práctica criminal y mucho me temo que, a este paso, desde el gobierno hasta se llegará incluso a dictar la ilegalización de asociaciones provida.
El día en el que este PP de Feijóo se hizo proabortista y abrazó la “Cultura de la Muerte”, nuestra nación empezó a caer por una pendiente resbaladiza a la que nos han empujado, la izquierda y el Partido Popular.
Más que esa sociedad avanzada a la que nos dicen que pertenecemos, nos hemos convertido en una sociedad degradada en la que se cometen todo tipo de monstruosidades, el mayor de ellas, el aborto. Nos disfrazan el crimen del aborto llamándolo «derecho» o «interrupción voluntaria del embarazo», como si a los hijos por nacer les preguntasen si quieren ser matados o como si sus vidas no importasen lo más mínimo, porque ni siquiera tienen voz para gritar cuando les descuartizan.
Desde 1985, se han asesinado a 2.862.621 niños de ambos sexos. La cifra sigue creciendo cada año que pasa, ya estamos en más de 100.000 al año. Los promotores de la cultura de la muerte pretenden hacernos creer que asesinarles en el vientre materno es la panacea del feminismo.
Durante los 24 años de gobiernos del PSOE se asesinaron a 1.757.164 hijos por nacer y durante los 12 años de gobiernos del PP, 1.105.457 hijos por nacer fueron asesinados, un partido que no hizo nada por derogar las leyes socialistas del aborto, sino que además agravó sus efectos legalizando la píldora abortiva, le llamada del «día después», produce daño hepático y causa graves problemas cardiovasculares a las mujeres que la toman y, finalmente, acabó asumiendo las mismas posiciones proaborto que la izquierda.
A fecha de hoy, el único partido provida del Parlamento y el único que rechaza las leyes ideológicas de la izquierda es VOX, por ello, a todos esos ciudadanos de derechas que se dicen católicos y que votan al socialdemócrata PP, supongo que de la urna se irán directos al confesionario para así poder dormir sin remordimiento de conciencia por votar a una opción política contraria a los valores y principios que defiende esa religión a la que dicen pertenecer. La aceptación social del aborto es algo que nos degrada como civilización, abriendo la puerta a otros abusos e injusticias.
Si esos casi tres millones de niños no hubiesen sido asesinados, el relevo generacional estaría asegurado y ese asunto no serviría de coartada a quienes lo aprovechan para apoyar la invasión que sufrimos desde el sur por personas procedentes de culturas hostiles e incompatibles con la nuestra, con la europea, con la occidental, invasión que a este paso acabará con Europa.
De acuerdo