Tras estar varios días fuera y hablar con personas de otros lugares, personas que tienen todas ellas diferentes formas de interpretar lo que está pasando, uno se dá cuenta de que Sánchez está consiguiendo algo que parecía impensable hace no demasiados años, que la sociedad española ya no esté dividida entre ciudadanos de derechas y de izquierdas, que ahora esté dividida entre los que pretenden primordialmente que sus gobernantes sean “al menos” honrados y el otro grupo, el de los amorales, el de los viscerales, el de los que se toman la política como si simplemente fueran forofos de unas siglas, de un equipo de fútbol. Y eso lo está consiguiendo el canalla que habita por ahora en La Moncloa.
En los casos de corrupción que afectan al gobierno socialista de Pedro Sánchez, a su entorno personal y a su partido, el PSOE, se ha llegado a tal complejidad, que para el ciudadano normal son ya muy difíciles de seguir, algo que ratifica lo complicada y lo grave que es la situación.
La Justicia está investigando por varios delitos a personas del entorno de Pedro Sánchez, de su gobierno y de su partido. Su esposa Begoña Gómez está imputada por cuatro delitos, tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida e intrusismo, supuestamente por valerse de su posición en sus negocios particulares. Su hermano David Sánchez está procesado judicialmente por dos delitos, prevaricación y tráfico de influencias, por obtener un empleo público expresamente creado para él por ser hermano de quien es. Su fiscal general, Álvaro García Ortiz, está procesado judicialmente por un delito de revelación de secretos, por haber difundido supuestamente información confidencial en el marco de una operación socialista contra el novio de una rival política. Su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, que hasta julio de 2021 fue secretario de organización del PSOE y mano derecha de Sánchez, está imputado por cuatro delitos, organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y malversación.
También se conoce una grabación que implica a Santos Cerdán, en un posible delito de cobro de comisiones por adjudicar obras públicas a empresas. Cerdán sustituyó a Ábalos en el PSOE, convirtiéndose en la mano derecha de Sánchez en el partido.
Hace poco también salió a la luz que una «fontanera» del PSOE estaba intentando recabar datos para desprestigiar a la unidad policial que investiga esos escándalos (UCO), con el fin de declarar nulas esas investigaciones y dejar impunes los posibles delitos cometidos por los implicados en esos casos.
Y en vez de haber dimisiones, como ocurriría en cualquier democracia occidental donde esto pudiese ocurrir y que, por supuesto no ocurre, no ha habido ni una sola dimisión. En España Sánchez, en vez de asumir responsabilidades, ha emprendido una cacería contra los jueces y los medios de comunicación que investigan los escándalos de corrupción socialista, preparando medidas totalitarias para controlar a los medios. Por ejemplo, que la fiscalía controle la investigación de casos de corrupción, lo que permitiría al gobierno cerrar los casos que afectan a los socialistas.
Sánchez es un autócrata, un amoral y un psicópata, convencido de que sus deseos están por encima de la Constitución y de las leyes, por ello, es un peligro público al que no solo hay que exigirle que dimita, hay que detenerlo, encarcelarlo, juzgarlo y condenarlo por todo el daño que le está haciendo a nuestro presente y al futuro de nuestros hijos.
Y como siempre, añado mi última puntilla a los peperos. Cuando dicen que una Moción de Censura le daría oxígeno a Sánchez, lo que realmente están diciendo es que no pueden ir contra su socio en Bruselas, con ese con el que votan para “jodernos” a los españoles y resto de europeos, con ese con el que se arrodillan ante la “antieuropea” Úrsula, porque votar medias contra los intereses de los ciudadanos europeos, es tomarlas contra Europa por mucho que nos sigan intoxicando con lo contrario.
Nunca como ahora estoy convencido que no hay mal ni bien que cien años ni español que esté dispuesto a soportar cómo se ríen de nosotros