Si hay una región que haya sido especialmente perjudicada por la organización territorial que nos dimos en la Transición, esa podría ser perfectamente Extremadura. El Estado autonómico se ha convertido a todos los efectos en un Estado poseedor de todos los defectos de uno confederal, en donde a las regiones ricas se las trata con privilegios y a las más pobres con desdén, la coartada fue llamarlas comunidades históricas. Incluso les hicieron una ley electoral a su medida para que tuviesen más representación en el Congreso y Senado de la que les correspondía, para que como consecuencia de ello y en ausencia de mayorías absolutas pudieran estar instaladas en el chantaje continuo al gobierno de turno y cada vez conseguir más y más para ellas en detrimento de las otras, de las más pobres, de las “Extremaduras” de turno. No hace falta que os diga, que el Estado Confederal es el culmen de las desigualdades.
Primero fue UPyD, ahora VOX lo tiene también muy claro, no tiene ninguna duda que la España Autonómica es un cáncer, el principal responsable de todos los males que se nos han venido encima. Las CCAA son un pozo sin fondo, son el Estado del Bienestar de los partidos políticos, llenas de estructuras prescindibles donde colocan a sus legiones de parásitos en detrimento de no cubrir las necesidad básicas de los ciudadanos.
Se ve con claridad, ahora en Extremadura, que el Partido Popular tiene totalmente vinculado su discurso a no perder el chollo autonómico en vez de hablar de lo que realmente les preocupa a los extremeños. Entre eso y pretender aplicar lo que les dictan las agendas ideológicas de la izquierda a las que hace tiempo se sumaron, andan los de Feijóo y la podemita Guardiola. Frente a ellos, el candidato de VOX ofreciendo soluciones a los problemas reales.
A este artículo lo acompaña una imagen de la visita de los líderes del PP y de VOX a una misma calle de una misma población de Extremadura. Vemos a Feijóo rodeado de unos pocos parásitos de su partido e ignorado por los vecinos, en la otra, a Abascal rodeado de una multitud de vecinos. Parece que en Extremadura puede empezar ese cambio tan ansiado por cada vez más españoles.
No se sostiene durante mucho tiempo el engaño al que nos tienen sometidos