He querido esperar 48 horas, para ya en frio, hacer una reflexión sobre el resultado de las elecciones en Castilla y León. Es innegable que el Partido Popular ha ganado aumentando su representación, que el PSOE ha medio salvado la cara, eso sí, fagocitando a todos los partidos que están a su izquierda y demostrando que Sánchez lidera el único partido radical de izquierdas que aglutina a toda ella. Por su parte, VOX ha obtenido en Castilla y León su mejor resultado electoral, ya que 230.000 castellanos y leoneses le han dado su voto, habiendo crecido en número de votos, porcentaje y escaños por tercera vez consecutiva, en unas elecciones regionales.
Y tras estas elecciones ¿qué es lo que va a pasar? Pues evidentemente lo deseable sería que PP y VOX se pusieran de acuerdo para gobernar en Extremadura, Aragón y en Castilla y León.
Lo cierto es, que mientras Feijóo continúa hablando casi exclusivamente de gestión, Abascal, habla de que estas tres regiones necesitan urgentemente un cambio de rumbo, por lo que en VOX van a negociar medida a medida, estableciendo plazos y garantías de cumplimiento, afirmando que van a ser implacables para que los intereses de los extremeños, los aragoneses, los castellanos y los leoneses, sean respetados.
Acabo de escuchar una entrevista que le ha hecho Federico Jiménez Losantos a Feijóo en EsRadio y no puedo evitar al oír al líder popular, acordarme de Rajoy, ese nefasto presidente que tuvimos que en vez de desmontar todo lo que hizo Zapatero, lo dejó intacto y se limitó a la “gestión”, a llenar las arcas que el PSOE vació y dejarlas repletas para que Sánchez dispusiera de ellas para culminar el antiespañol y antidemocrático proyecto que está llevando a cabo.
Feijóo tiene que tener claro que estamos en la fase previa a las elecciones generales y que en esas elecciones se jugará el futuro de España, que si PP+VOX consiguen los tres quintos, dispondrán de una holgada mayoría que les permitiría cambiarlo todo, no solo todas las leyes socialistas desde Zapatero, sino incluso llevar a cabo posibles cambios constitucionales que doten, entre otras cosas, a nuestra Carta Magna de las armas necesarias para defenderse de cualquier otro “loco socialista” que nos pudiese deparar el futuro, armas de las que hoy carece.
Según cual sea la actitud y la predisposición de Feijóo en las actuales tres negociaciones, empezaremos a ver si está por la labor de arreglarlo todo o simplemente quiere aparentar, pero siguiendo la estela de la mayor parte de lo legislado por los socialistas.