Resulta verdaderamente llamativo comprobar que, cada vez que surge en España una nueva fuerza política dispuesta a denunciar en lo que se han convertido los dos grandes partidos que han monopolizado el poder desde la Transición, PSOE y PP, los medios de comunicación que orbitan en torno a ellos, prácticamente todos, parecen actuar como un bloque perfectamente coordinado con un único propósito, desacreditar y destruir a quien ose desafiar ese sistema bipartidista que tanto daño ha causado a nuestra nación.
No hay que ser un experto en comunicación para advertirlo. Basta con observar cómo las mismas cabeceras, las mismas tertulias y los mismos opinadores repiten una y otra vez los mismos argumentos, casi palabra por palabra, hasta lograr imponer un relato fabricado en los despachos de sus financiadores. ¿De verdad alguien puede creer, a estas alturas, que en España existe una prensa libre e independiente? Es ingenuo pensarlo. La realidad es que la mayoría de los medios responden a intereses muy concretos, y su objetivo no es informar, sino proteger a quienes desde hace décadas manejan el poder político, económico y mediático del país.
Hoy, el blanco de esos ataques es VOX, un partido que no deja de crecer, que amplía su base de apoyo en cada convocatoria electoral y que conecta con un número creciente de españoles cansados de los engaños, la corrupción y la cobardía moral de los partidos tradicionales. Sin embargo, si uno atendiera únicamente a las informaciones publicadas por esos medios, podría llegar a creer que VOX se halla al borde del colapso, sumido en una supuesta “crisis interna” que ellos mismos se encargan de exagerar hasta lo inverosímil.
La realidad es mucho más sencilla, unos pocos, que parece que nunca llegaron a sentirse cómodos dentro de VOX, intentan ahora pasar por adalides de la democracia interna, de la pureza ideológica y de los principios éticos, olvidando convenientemente que durante años gozaron de toda la confianza de la dirección nacional. Mientras ocuparon cargos relevantes, asumieron responsabilidades e incluso recibieron el respaldo público de la organización, jamás expresaron desacuerdo con la línea del partido ni con su estructura interna. Parece que la crítica surge solo cuando se pierden los privilegios o el protagonismo.
En una formación política seria, los cambios legítimos no se promueven por despecho, ni por ambición personal, ni buscando protagonismo a base de generar ruido en los medios o en las RRSS. Las transformaciones deben plantearse como dictan los estatutos y los procedimientos internos. Y los estatutos de VOX, para quien se los haya leído, son absolutamente inequívocos, todos los afiliados tienen derecho a votar, a ser elegidos y a proponer alternativas, pero también tienen la obligación de respetar las normas, mantener la disciplina y actuar con lealtad y respeto hacia la organización y hacia sus compañeros.
Quien desee impulsar un cambio en la dirección del partido sabe perfectamente cuál es la vía, presentar una candidatura, reunir los avales exigidos y someter su proyecto al veredicto de los afiliados durante la Asamblea General. Ese es el marco legítimo de debate y participación, el espacio donde deben discutirse ideas, liderazgos y estrategias. No lo son los platós de televisión, ni los foros digitales, ni, mucho menos, los micrófonos de aquellos medios que llevan años intentando dinamitar el crecimiento de VOX y desacreditar su labor en la defensa de España.
Conviene recordar que en enero de 2024 se abrió el proceso interno para la presentación de candidaturas a la presidencia nacional. Una vez concluido el procedimiento reglamentario, fue proclamada democráticamente la candidatura encabezada por Santiago Abascal, quien ostenta con plena legitimidad la presidencia del partido hasta la próxima convocatoria interna. Así funcionan las organizaciones serias, con normas claras, con sentido de la responsabilidad, con auténtica democracia interna y con una lealtad incuestionable hacia los miles de afiliados que dedican su tiempo, su esfuerzo y su ilusión a fortalecer este proyecto patriótico.
Personalmente, me siento profundamente orgulloso de formar parte de esta gran familia política. Como concejal en el municipio sevillano de Gines, doy testimonio de ello cada día, trabajando con convicción y entrega por los valores e ideales que VOX encarna. Este proyecto, lejos de debilitarse, está más firme que nunca. Y seguirá adelante mientras haya españoles dispuestos a defender lo que otros han abandonado, la unidad de nuestra patria, su soberanía nacional, la libertad de nuestros ciudadanos, la seguridad en nuestras calles y el futuro de nuestras familias.
Por eso, reitero mi respaldo más sincero a Santiago Abascal y a todo su equipo, hombres y mujeres comprometidos, valientes, profundamente patriotas, que no ceden ante la presión de los poderosos ni ante las campañas de desprestigio orquestadas desde los altavoces del sistema. En ellos reconozco el liderazgo y la coherencia que España necesita. Y en VOX encuentro la esperanza de una nación que aún no ha dicho su última palabra y que aspira a ser grande otra vez.
Absolutamente de acuerdo contigo, Alejandro. Incluso diría que te has quedado corto a la hora calificar las inoportunas declaraciones de los que han sido expedientados, porque en su afán de hacer daño a Abascal a quien han hecho daño es al partido y eso es inaceptable.
Viento en popa para España y los españoles