Pablo Casado no es el único,
pues parece que nuestros políticos piensan, que los españoles no tenemos
memoria, que padecemos amnesia crónica.
En favor de Casado diré, que
llegó a la presidencia de un partido sin alma, de un partido destrozado por
Mariano Rajoy y los suyos, de hecho, Casado nos habló de eso de volver a las
esencias, a la defensa de los principios y los valores que siempre fueron la
seña de identidad de la derecha española a la que se suponía representaba su partido.
Pero claro, esas banderas ya
las habían recogido y levantado quienes hartos habían abandonado el PP, y me
refiero a VOX, por ello, el acercamiento ideológico del PP a VOX llevado a cabo
por Casado era muy lógico. Pero claro, llegan las elecciones, el PP cosecha un
estrepitoso fracaso, en absoluto mayoritariamente achacable a Casado y su
equipo, y empiezan los problemas.
Ahora, los cómplices de la
traición ideológica de Rajoy, encabezados por Núñez Feijoo, ya sabéis, el de la inmersión
lingüística en Galicia, han presionado y convencido a Casado para que, de la
noche al día, cambie de discurso y se acerque a posiciones más centristas y
ocupadas por los oportunistas naranjas, al hacerlo Casado, entiendo que ya no
controla el partido, pensando que alguna vez lo haya hecho. La gran prueba de
ello, es que en pocos días ha pasado de pedirle a VOX que sea socio de su
posible gobierno, a llamarle injustamente de ultraderecha, insultando de paso a
2,6 millones de españoles que seguramente, muchos de ellos, fueron votantes de
su partido en el pasado cercano. Un partido que jamás se atrevió a decir que Podemos es de ultraizquierda, algo evidente, se atreve a llamar a VOX ultraderecha sin serlo.
Lo que nos queda de todo
esto, es que desconocemos si las ideas de Casado, son unas u otras, o
cualquiera de ellas con tal de seguir siendo presidente.
