En la semana que hoy finaliza se ha cumplido el aniversario de dos importantes efemérides de nuestra Historia, el pasado jueves, 16 de julio, se cumplieron 814 años de la victoria cristiana de las Navas de Tolosa. Un hito que supuso el afianzamiento de España como parte de la Cristiandad en detrimento de un proyecto político antagónico llamado Al-Andalus. Un paso que permitió el avance de la Reconquista que fue culminado por los Reyes Católicos en 1492 y por Felipe III en 1614 con la expulsión de los moriscos.
La historia nos enseña que nunca ha sido posible la coexistencia o convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes. La constitución del 78 eliminó toda referencia trascendente en nuestras leyes pues considera a la religión como un elemento propio de la mera conciencia personal. Según esa ideología bastaría con el cumplimiento de las leyes del estado para mantener la unidad, la paz y la concordia. Sin embargo, la evidencia que vemos ya de forma especialmente dramática en otros países de Europa es que los problemas crecen. La realidad es que los verdaderos católicos no entendemos la vivencia de nuestra fe sin el desarrollo pleno de una dimensión pública y social, al igual que les ocurre a los musulmanes.
Actualmente viven en España, según las estadísticas oficiales, más de 2,5 millones de musulmanes lo que supone ya una amenaza insoportable contra la identidad de numerosos municipios. Se trata de un fenómeno brusco y muy reciente si tenemos en cuenta que tres de cada cuatro musulmanes han nacido fuera de España. Dentro del caos migratorio provocado por unos políticos irresponsables esta posiblemente la consecuencia más grave y el mayor de los retos al que habrán de enfrentarse las nuevas generaciones de españoles.
Debemos condenar profundamente a todos los partidos políticos que han permitido y sostienen todavía esta situación. Hacia los separatistas que pensaron que una inmigración islámica podría favorecer sus intereses antiespañoles. A los que han utilizado el aumento de la población musulmana para la descristianización de nuestra Patria. A esa parte de la derecha que han mirado cobardemente para otro lado, o que incluso homenajean cobardemente a traidores como Blas Infante.
No podemos tampoco dejar de criticar la posición buenista de aquellos católicos que confunden la ayuda humanitaria con un suicidio cultural. La acogida caritativa al extranjero necesitado en ningún caso puede justificar políticas de sustitución poblacional hasta el punto de hacer irreconocibles nuestros barrios y ciudades. Tampoco la difusión de creencias y prácticas basadas en el error, el terror o el desprecio a la mujer. El multiculturalismo solo nos trae más caos social.
Los que anhelamos la España católica y tradicional de siempre, sabemos que el pueblo español, aunque ahora mismo viva anestesiado por ideologías progres, tampoco va a querer vivir ni en Al-Andalus ni en un estado socialista masónico. Ojalá que cuando despierte no sea demasiado tarde.
El otro aniversario se cumplió ayer, pues el 18 de julio de 1936 se produjo el Alzamiento Nacional, un acto patriótico necesario para restaurar el orden, frenar la revolución comunista y salvar a la civilización occidental, indispensable ante el colapso del Estado provocado por esa II República que llevó a España a la más absoluta anarquía y caos social durante los primeros meses de 1936. El gobierno del Frente Popular era incapaz de mantener la ley y el orden. Episodios de violencia política, huelgas revolucionarias, quema de iglesias y persecución a opositores, era lo cotidiano y la legalidad constitucional dejó de estar en vigor, España llevaba camino de convertirse en otra República Soviética, pero la parte del ejército que se alzó y la parte del pueblo que los apoyó, consiguieron en tres años de Guerra Civil derrotar al Comunismo. Una victoria importantísima para toda la Cristiandad.
Vamos a sobrevivir