Estoy seguro de que la mayoría de los españoles somos conscientes de lo que nos jugamos en estas próximas elecciones generales del 29 de noviembre, probablemente, la cita electoral más importante desde la Transición. España se juega continuar en la actual línea decadente, en todos los aspectos, o apostar por resurgir y emprender de nuevo, como ha ocurrido en bastantes ocasiones en nuestra historia, la senda de la prosperidad, no solo material, sino también espiritual.
Hay países que son solo una línea pintada en un mapa y nombres en papeles viejos, pero España se lleva por dentro, en la sangre. No es solo un trozo de tierra encajado entre mares y montañas, es un sentimiento que compartimos todos, algo que se ha ido cociendo a fuego lento durante siglos, entre días buenos, épocas duras y esas ganas que siempre tenemos de salir adelante.
Sentir España es fijarse en lo diferente que es según por dónde vayas. En cualquier pueblo o camino se nota el sudor de nuestros abuelos y de la gente que trabajó la tierra con las manos para dejarnos lo que tenemos hoy.
Estar orgulloso de ser español no va de presumir por presumir, sino de saber de dónde venimos. Fuimos los que un día nos echamos a la mar sin saber qué había al otro lado, juntando continentes y dejando un idioma en el que hoy habla medio planeta. Pero también somos los que nos hemos comido las crisis más gordas, las épocas negras y las caídas, y siempre nos hemos vuelto a poner de pie. Si algo tiene la gente de aquí es que, cuando vienen mal dadas, aprieta los dientes y no se rinde.
Querer a España hoy no es quedarse anclado en el pasado pensando que cualquier tiempo anterior fue mejor. Es cuidar lo nuestro con la cabeza alta y tirar para el futuro. Aquí cada región tiene su acento, sus costumbres y su manera de ser, y lejos de separarnos, eso es justo lo que nos hace grandes, ser distintos, pero formar parte de lo mismo.
Llevar esto dentro es alegrarse de verdad cuando a uno de los nuestros le va bien y arrimar el hombro cuando las cosas se tuercen. Mientras siga habiendo gente que se emocione con su tierra y esté dispuesta a currar día a día para que esto vaya a mejor, con España no podrá nadie. De hecho, estamos a pocas semanas de echar a Pedro Sánchez del poder con el arma democrática por excelencia, metiendo nuestro voto en una urna.