Este pasado lunes, se ha
firmado en Marruecos, el pacto mundial de Naciones Unidas para las migraciones,
un pacto que no han secundado, ni EEUU, ni Australia, ni diversos países
europeos como Austria, República Checa, Hungría, Letonia, Polonia y Eslovaquia.
Los firmantes, adoptaron un
pacto mundial, afortunadamente no vinculante, que en teoría busca dar una
respuesta coordinada a los problemas que surgen de los flujos masivos de
migrantes que se están viviendo en diversas regiones del planeta, aunque en
realidad, lo firmado es de tan vital importancia, que en vez de habérselo
ocultado a las opiniones públicas de los distintos países, lo suyo hubiese
sido, llegar hasta a someterlo a referéndum en los distintos países, al
significar la segura destrucción de nuestras sociedades.
Lo firmado es tan grave,
que podría suponer la llegada de unos 250 millones de africanos y de árabes,
casi todos musulmanes, a una Europa incapaz de asimilarlos. Hablamos de
personas portadoras de culturas muy distintas a la nuestra y que profesan una
religión incompatible con los valores europeos, y hasta hostil.
Cada país debe ser
soberano, y en lo relativo a la inmigración, impedir la ilegal, y en cuanto a
la legal, decidiendo soberanamente cuando la admite en función de las
necesidades del país, y sobre todo, en función de la procedencia de quien viene
y su capacidad de integración, y porque no decirlo, su voluntad de acatar lo
nuestro, nuestros valores, y no la de imponer los suyos.
El gobierno de Australia,
ejemplo mundial en política migratoria, dejó muy claro ya en noviembre pasado,
que no firmaría el acuerdo, porque esa firma pondría en peligro su seguridad
nacional.
