Anoche La Sexta, sobrepasó
todas las líneas rojas. No se le ocurrió otra cosa que desplazarse a
Marinaleda, el gran cortijo comunista de Andalucía, para intentar localizar al
medio centenar de vecinos que tuvieron la osadía de votar a VOX hace ocho días.
La Sexta, lo que en realidad pretendía, era poner en la diana, marcar a unos
asustados vecinos que sólo pueden protestar desde el secreto del voto, pues
viven en la Corea del Norte andaluza. La Sexta me recordó a lo que hacían los
nazis con los judíos, marcarlos. Tras el
revuelo que se ha formado, hoy Cristina Pardo ha pedido disculpas y califica su
reportaje de desafortunado, solo lo hacen para no perder audiencia, son
vomitivos.
La campaña de La Sexta
contra VOX merecería en cualquier país de nuestro entorno, el inicio de un
expediente de cierre por atentar contra los derechos fundamentales
individuales.
Antes de esto, La Sexta
entrevistó a Juan Marín, ese que tras
quedar tercero en las andaluzas tiene la osadía de pretender ocupar la
presidencia de la Junta de Andalucía contraviniendo el mandato de la mayoría de
andaluces, quienes en las urnas han
dicho muy claro que quieren quitar del poder al PSOE tras casi cuatro décadas
de corrupción, horrible gestión y
enchufismo.
El líder andaluz de
Ciudadanos nos pretendió vender unos argumentos infumables para llegar a la
conclusión de que él debe ser el presidente andaluz apoyado por el PP, que sacó
más votos que él, vamos, de aurora boreal.
Soy de los que piensan, que Ciudadanos, hace lo que hace, para evitar
que PP o VOX propicien levantar las alfombras de San Telmo, esa Auditoría
General de la gestión del PSOE de casi 40 años que de seguro acabaría con el
socialismo andaluz. Ahora mismo, Ciudadanos sigue siendo cómplice del PSOE y de
su gran corrupción.
Si no hay acuerdo para
apear al PSOE de la Junta, espero que en la
repetición electoral los andaluces castiguen a los de Rivera por su
traición, pues no olvidemos que la mayoría de sus votantes son de derechas,
algo que parecen olvidar.
