Acaba de hacerse público un
nuevo informe, esta vez de la central de balances de las empresas no
financieras que publica el Banco de España. Queda constatado, que la
remuneración media por asalariado entre las grandes empresas, bajó un 0,2%
hasta septiembre, en 2016 ya bajó un 0,1%. Mientras, las medianas empresas,
subieron un 0,9% sus salarios.
Pese que es cierto que se
generan más puestos de trabajo, quienes se incorporan al mercado laboral cobran
menos que los que ya están. Si a esto sumamos, que las contrataciones
temporales superan en nueve veces a las fijas, el panorama puede calificarse de
desolador.
Es cierto, que con este
Gobierno el desempleo está bajando, pero también es cierto, que el empleo que
se crea es precario, temporal y con remuneración cada vez más baja.
El caso de las grandes
empresas es sangrante, pues si sus beneficios se han disparado un 69%, no hay
justificación para que no trasladen una parte de ese beneficio a que sus
trabajadores ganen un salario digno.
Soy de los que piensan, que
el libre mercado está muy bien, pero que al liberalismo salvaje hay que ponerle
fronteras cuando en demasiados de los grandes empresarios prima la codicia, la
avaricia, y la falta de escrúpulos.
A los directivos de más de una
gran empresa, esas que anuncian a bombo y platillo “sus excelentes resultados
del año” se les debería de caer la cara de vergüenza por tener a trabajadores
ganando 800 euros mensuales.
Si hay que recurrir al
denostado intervencionismo del Estado, se recurre, pero no se puede seguir
permitiendo que la figura del “trabajador que está instalado en la pobreza”
siga colonizando nuestro mercado laboral.
El trabajador que menos gane,
debe ganar lo suficiente para poder vivir dignamente, él y su familia, lo
mismo, en estos tiempos, eso que digo resulta utópico, pero debería ser la meta
de todos.
