Los taxistas han declarado la
guerra a las empresas de VTC, por ello, me gustaría hacer una reflexión sobre
ello.
Es evidente, que los taxistas
ven amenazados sus puestos de trabajo por la irrupción de las empresas de VTC,
y por ello, se han movilizado. Pero tengo que decir, que desde mi punto de
vista, empiezan a perder la batalla de la opinión pública.
Si los VTC circulan por
nuestras calles, es simplemente porque la administración se lo permite, por
ello, no es lógico que los taxistas descarguen su violencia sobre los
trabajadores de estas empresas. Sus protestas deberían ir dirigidas contra la
administración, de hecho, ellos mismos la acusan de que no se cumplen las
normas y que faltan inspecciones.
El mundo del taxi debe
entender, que nuestra sociedad cambia con el tiempo y que el sector que no sea
capaz de adaptarse, está condenado.
¿Algún taxista cree que las
imágenes en donde compañeros suyos utilizan una violencia extrema contra
vehículos y conductores de los VTC les van a generar la simpatía de los
ciudadanos? Yo creo que está claro que no.
Este asunto, es uno de esos
donde uno ve que es muy difícil encontrar una solución aceptable para ambas
partes, pero mientras tanto, las huelgas y las movilizaciones de los taxistas,
lo que están haciendo es lo de siempre, dejar sin un importante servicio
público a los ciudadanos, algo que es utilizado como en tantos otros conflictos
laborales para presionar haciendo rehenes a los usuarios del servicio.
Este país tiene una ley de
huelga obsoleta, una ley que no protege los derechos de los usuarios, y nadie
se atreve a modificarla, pues todo parece indicar que los partidos de izquierda
no están por la labor, haciendo inviable el necesario consenso.
El derecho a la huelga debe
ser sagrado, pero cuando ese derecho colisiona con los derechos de otras personas,
hay necesariamente que replanteárselo.
