El Gobierno de España,
destituyó ayer a su delegado en el País Vasco, Carlos Urquijo, uno de los
últimos héroes del PP vasco, con la excusa de que necesita contar con un
delegado de perfil “más político” en el cargo. Su cese era reclamado desde
hacía tiempo por el PNV, y era condición inexcusable de los separatistas para
sentarse a negociar los Presupuestos Generales del Estado de 2017.
Nos encontramos ante una
decisión, que demuestra a las claras la catadura moral de Mariano Rajoy y de la
precursora de la idea, Soraya Saenz de Santamaría. Destituir a quien desde la
Delegación del Gobierno en el País Vasco
ha remitido a los tribunales de Justicia un millar de recursos denunciando
actos de homenajes a etarras, incumplimientos en la Ley de Símbolos ninguneando
a la bandera nacional, consultas de todo tipo al margen de la legalidad y otros
muchos asuntos, es una infamia.
Incluso se han atrevido a
filtrar desde el PP, que la fotografía publicada el pasado 11 de diciembre en
el diario nacionalista Deia de Urquijo junto a su familia cuando su esposa
compra un CD a un vendedor ambulante en Bilbao, es un hecho que le inhabilitaba
para seguir en el puesto.
El pecado de Urquijo sea
posiblemente, sea el ser muy cercano a Jaime Mayor Oreja o a María San Gil,
aquellos que representaban al PP de la dignidad y que fueron defenestrados por
quienes hoy están hundiendo en el fango a un partido otrora respetable.
Han destituido a aquel que
osó aplicar con rigor las normas que obligan a todas las administraciones a
garantizar las comunicaciones oficiales en euskera y en español, a vigilar por
el cumplimiento de la Ley de Símbolos, y por supuesto, a denunciar ante la
Justicia cualquier homenaje o acto de apoyo a ex presos de ETA o a sus
organizaciones afines. Gracias a él, hubo sentencias judiciales que obligaron a
diputaciones y ayuntamientos, gobernados
por Bildu y por el PNV, a situar la bandera nacional en lugares preferentes
pero, sobre todo, impidieron que cada uno de los presos etarras que tras
cumplir condena salía de la cárcel recibiera una calurosa bienvenida con la que
legitimaban su actividad terrorista y humillaban a las víctimas.
Quiero dejar patente en
estas líneas, todo mi reconocimiento y admiración a Carlos Urquijo, y el mayor
de mis desprecios a quienes hoy por hoy dirigen los destinos del Partido
Popular. Pues actuando como actúan, dejan claro, que van a ser incapaces de
sacar a España de la crisis global en la que se está inmersa.

que poca verguenza