Un año más, la sanidad
pública andaluza afronta en precario el periodo vacacional, un periodo en el
que no podemos olvidar aumenta espectacularmente la población debido a los
veraneantes que residen temporalmente en nuestra región, tanto nacionales como
internacionales.
Ojeando el plan de
vacaciones del SAS, nos damos cuenta, se constata un gran déficit de cobertura,
una carencia generalizada de recursos, una inasumible carga de trabajo de los
profesionales sanitarios debido a la reducción a la mitad de sus efectivos. En
definitiva, disminución importante de la asistencia sanitaria y unos
profesionales reducidos a su mínima expresión. Una cuenta muy clara, doble
población, mitad de sanidad, peligro latente.
Pongamos el ejemplo de la
población sevillana de Aznalcazar, con un censo de casi 5.000 habitantes y una
plantilla habitual de dos enfermeros, que durante julio y agosto, se verá
reducida a solo uno quien deberá atender simultáneamente la demanda asistencial
de urgencia, las consultas de servicios programados de necesaria realización y
la asistencia domiciliaria. Ante una probable situación crítica donde se
requiera con urgencia la presencia del enfermero y este no se encuentre en el
Centro de Salud por estar cumpliendo sus obligaciones de asistencia
domiciliaria, la demora asistencial podría costar vidas, situación ajena a
excelentes profesionales sanitarios a los que tiene el SAS en precario.
La gestión política de la
sanidad andaluza es la única responsable de las carencias existentes, su misión
es la de velar por la seguridad de la población aportando los medios técnicos y
humanos necesarios. Pero está claro que este atajo de irresponsables
recortan en lo que no deberían hacerlo,
en lo que repercute seriamente en la salud de los andaluces. En cambio, las
legiones de enchufados en las estructuras políticas improductivas de la Junta
de Andalucía, siguen cobrando puntualmente su sueldo, a esos ni tocarlos.
