Tras la reunión de Mariano
Rajoy con Albert Rivera, podemos afirmar, que siete meses después del 20-D se
empieza a ver una tenue luz de esperanza al final del túnel. Y digo tenue,
porque sin el PSOE, lo de ayer no sirve para nada.
El líder de Ciudadanos
cambia de discurso por enésima vez y ahora nos dice que se podría abstener para
hacer posible la investidura de Rajoy. Algunos nos quieren vender este cambio
de Rivera como si hubiera tenido un ataque súbito de responsabilidad, aunque yo
más bien creo, que los poderes que lo auparon y lo financiaron, le han obligado
a cambiar de postura, pues es evidente que el poder financiero y empresarial
desea que se estabilice la situación política y vuelva la normalidad, algo que
deseamos casi todos.
Tras lo de ayer, si el PSOE
no facilita de la manera que sea, esa investidura, va a aparecer ante la
opinión pública como el gran culpable del bloqueo político, y eso de cara a
unas terceras elecciones podría convertirse en letal para los socialistas.
Es evidente, que ahora
mismo lo que urge es que Rajoy consiga la investidura, pero eso no es ni mucho
menos suficiente, de que sirve llegar al gobierno si no puedes gobernar. Un
Gobierno sin respaldo de nadie, que tenga que pactar cada una de las medidas
que quiera hacer, no es un gobierno operativo, y eso lo veríamos muy pronto en
el debate de los Presupuestos.
Lo ideal sería un pacto de
legislatura que abordara poner en marcha todas las grandes reformas que
necesita este país y que reclaman sus ciudadanos. Que no olviden los partidos
constitucionalistas, que no nos pueden fallar más, pues si lo hacen, ese
populismo que ahora parece desintegrarse, podría recobrar las fuerzas y acabar
con ellos.
Si no se aborda devolverle
a la Justicia su independencia, la reforma de la Ley Electoral, acabar con los
aforamientos, hacer viable el sistema de pensiones, y muchas cosas más, se
habrá desperdiciado una gran oportunidad, pues ahora es el momento de hacerlo
mediante consenso de PP, PSOE y Cs.
