Sé que la opinión que voy a
dar no coincide en absoluto con la que tiene la mayoría, una opinión moldeada
por la información interesada de demasiados medios de comunicación que
pretenden hacer daño a la institución en la que reside la Jefatura del Estado.
Desde mi punto de vista,
Cristina no es inocente, pero tengo serias dudas de que sea culpable. Me
explico. Es como si alguien le encarga a un asesor fiscal que le haga su
declaración de la renta, y se la hace mal, el castigo cae sobre el ciudadano,
pero evidentemente él nunca tuvo la intención de delinquir.
La Infanta Cristina se casó
muy enamorada de su marido, y por lo visto, hasta después de lo que ha pasado,
le sigue queriendo. Por lo tanto, no debe de extrañar que haya confiado
plenamente en él, y más sabiendo, que contaba con la supervisión de la propia
Casa Real en todo lo referente a la gestión económica.
Los hijos de los reyes de
las monarquías europeas reciben una educación muy distinta a la nuestra, desde
muy temprana edad se les transmite que su bienestar está garantizado y que,
apropiarse y acumular dinero, no es necesario.
La pena de Cristina fue
enamorarse de un golfo que la ha utilizado para, mediante negocios ilícitos,
enriquecerse. Yo era de los que veía bien en su momento, que príncipes y
plebeyos pudieran casarse, tras ver este caso he cambiado de opinión.
Tengo serias dudas si la Infanta
Cristina no está siendo penalizada por ser quien es, pues tengo la impresión de
que de ser otra persona hubiera regularizado su situación con el fisco sin pasar por el banquillo. No obstante, si se
sienta en el banquillo lo debería hacer de otra manera, contestando a las
preguntas de la acusación particular y no siendo ayudada de forma vergonzosa,
por la Abogada del Estado y por la Fiscalía. No obstante, que esté en la
situación que está, es bueno para la Casa Real, pues si no hubiese ocurrido, se
escucharía esa cantinela de que todos no somos iguales ante la ley, cantinela
pero muy cierta.
