El discurso de Albert
Rivera en la sesión de investidura hay necesariamente que dividirlo en dos
partes. La primera, en la que ha transmitido lo que le ha dicho su excelente
equipo de marketing que transmita, y la segunda, donde ha justificado su
acuerdo con el PSOE y ha atacado a Mariano Rajoy.
Conozco lo suficientemente,
a Rivera y a su partido, para afirmar que en todo momento dice lo que le han
asegurado sus asesores que le gusta a más españoles oír, por ello, ni yo ni
nadie, sabrá nunca si lo que comunica este líder de diseño es realmente lo que
piensa. Incluso a mí, me suenan muy bien la mayoría de las ideas que lanza, lo
que sucede es, que sabiendo lo que sé, no me creo absolutamente nada.
Siendo Ciudadanos un
partido que principalmente se nutre de votantes de derechas o de centro
derecha, el que su líder haya optado por pactar con quien ha perdido las
elecciones, entiendo que no le gustará a muchos de los que le dieron su voto. Y
más, aduciendo, que no pacta con Mariano Rajoy porque su partido es corrupto y
no es creíble que el acabe con la corrupción en España si no ha sido capaz de
acabar con ella en su partido.
Rivera obvia que él ha
pactado con el PSOE, un partido igual de corrupto que el PP, principalmente en
Andalucía, comunidad que precisamente es en la que Ciudadanos actúa como
guardaespaldas y cómplice de la administración autonómica más corrupta de
España.
Que Rivera le pida a Rajoy
que apoye a Sánchez, alguien que dice que de inmediato tumbará toda la
legislación y medidas que han hecho posible que España salga del desastre
económico en el que nos metió el partido con el que ha pactado, suena a broma.
Si es que es muy claro,
Rivera perteneció a las Nuevas Generaciones del Partido Popular y necesita por
todos los medios ser bendecido como progresista, por eso precisamente pacta con
el PSOE. Lo que no sabemos es quien le va a votar en las próximas elecciones,
los que le consideran un traidor o los que le consideran un renegado.
