El discurso de ayer de
Pedro Sánchez fue uno de los más pobres que se han escuchado en las distintas
sesiones de investidura que se han celebrado desde 1978, al más puro estilo ZP
pero aún peor.
Un candidato a presidir
España no puede basar su mensaje en echar al PP de La Moncloa, el partido más
votado por los ciudadanos españoles, negándose a hablar con él, e intentando
reeditar aquel “cordón sanitario” de infausto recuerdo.
Sánchez reconoció, que con
las izquierdas no es suficiente, por ello apeló a eso del “mestizaje
ideológico”, un engendro ideológico para tratar de sentar en la misma mesa a
los unos con sus antagónicos, vamos, apeló a lo imposible.
Pedro Sánchez nos dijo en
un discurso vacío, fruto del acuerdo con Ciudadanos y de la pixelación de lo
que podía molestar a los barones de su partido y a Podemos, que él nos
conducirá a la “Arcadia Feliz”, lanzó propuestas que cuestan mucho dinero pero
sin decirnos de donde saldrá ese dinero, lo
de siempre.
Acaba de responderle Rajoy
en uno de sus más brillantes discursos parlamentarios, y lo dice alguien que
siente bastante desprecio por D. Mariano, fruto más de lo que no ha hecho y
prometió, que de lo que ha hecho. Rajoy ha despellejado a Sánchez diciéndole
“las verdades del barquero” y desmontando toda su demagogia.
Desde mi punto de vista,
solo quedan tres posibilidades, o pacto entre constitucionalistas (PP, PSOE y
Cs) algo que a fecha de hoy cuesta verlo, pacto entre PSOE, Podemos, IU y separatistas,
una opción que sería terrible para este país, o nuevas elecciones, para mí, lo
menos malo.
