Todos estaremos de acuerdo,
en que en estos difíciles momentos políticos por los que atraviesa nuestro país,
el futuro de España y de los españoles debería estar por encima de cualquier
interés personal o de partido.
Pues bien, el
comportamiento de Pedro Sánchez no me cuadra con lo anteriormente expresado. No
se puede pasar de anunciar solemnemente un pacto con Ciudadanos, aunque todos
sabíamos que no servía para nada, a hacer movimientos extraños e inútiles encaminados
a ser apoyado en su investidura por la izquierda radical, pero que puede tumbar
lo acordado con el partido naranja.
Pedro Sánchez no puede
seguir yendo por la vida de político trilero, no puede enviar a Podemos, sus
aliados e IU, un documento que incluía la puesta en marcha de algunas
iniciativas que no estaban incluidas en el pacto suscrito con los de Rivera,
intentando así a la desesperada conseguir su apoyo para ser investido
presidente.
La respuesta de Ciudadanos
ha sido inmediata y contundente “No aceptamos cambiar ni una coma del acuerdo”.
Sánchez debe entender que no es posible contentar a todos. Debe entender, que
en lo referente al modelo de Estado y a política económica, Podemos y
Ciudadanos, están en posiciones diametralmente opuestas e imposibles de
consensuar.
Cuando Pedro Sánchez aceptó
ser propuesto a la investidura, intentó engañar al Rey al decirle que tenía
posibilidades de conseguir los apoyos necesarios, digamos que el Rey se dejó
engañar. Lo cierto, es que el líder socialista está utilizando este periodo,
simplemente para hacer campaña por si se repiten elecciones. Intentando
aparecer ante la opinión pública como el aspirante que lo intentó y se topó
“con la ambición desmedida de Pablo Iglesias”.
Creo que a Pedro Sánchez no
le vendría nada mal acudir a la consulta de un psiquiatra.
