Ahora sí que tenemos un
gran problema, pasar de un presidente catalán que tenía que ser independentista,
simplemente para eludir la acción de la justicia, a otro, Carles Puigdemont,
que es un independentista radical, admirador de los terroristas de Terra LLiure
y partidario de expulsar a “los españoles” de Cataluña, es una nefasta noticia
para el conjunto de los españoles, independientemente de su forma de pensar.
Es evidente, que lo
ocurrido ayer en Cataluña, y lo que va a ocurrir hoy, debe cambiar por completo
las negociaciones pro investidura que se están llevando a cabo tras las
elecciones generales. Resulta indispensable para el futuro de nuestro país, que
los partidos constitucionalistas se olviden de sus intereses particulares y
conformen un gobierno de coalición para hacer frente a lo que se avecina. No
cabe la menor duda de que la solución difusa a la que siempre se ha agarrado Pedro
Sánchez, esa de los cambios constitucionales y del federalismo, ya no sirven,
pues a Puigdemont esa oferta le daría mucha risa.
Pocos dudan, de que en
cuanto Puigdemont nombre a su gobierno, de inmediato pondrá en marcha la hoja
de ruta independentista, por lo que posiblemente el gobierno en funciones de
Rajoy tendrá que aplicar el famoso Art. 155, algo que por responsabilidad debe
ser apoyado sin fisuras por todos los partidos constitucionalistas.
No olvidemos que, un
gobierno en funciones, debe limitarse al despacho ordinario de los asuntos
públicos, salvo en casos de urgencia debidamente acreditados o por razones de
interés general, evidentemente, lo que sucede en Cataluña, lo es.
Ahora Podemos tiene la
patata caliente en su tejado, o está con España o contra España. Debe decidirlo
y con claridad meridiana decírselo a sus votantes en particular, y a la
ciudadanía española en general.
