La decisión de Mariano
Rajoy de ofrecer suscribir el Pacto Antiyihadista a otros partidos, ha sido un
gran acierto, pues gracias a ello ha obligado a retratarse a todos.
La sorprendente decisión de
Pablo Iglesias de no suscribirlo, aun desconociendo si le va a pasar factura en
las generales, es evidente, que lo que sí demuestra es que su decisión le
inhabilita para poder gobernar España, un país que se supone defiende los valores
democráticos de occidente.
Escuchando a Iglesias,
parece que los culpables no son los terroristas, sino los gobiernos
occidentales, el capitalismo, la venta de armas, la culpa es de cualquiera
menos que de los asesinos.
Pero que se puede esperar
de alguien que se atribuyó el acto golpista del cerco a las sedes del Partido
Popular en la jornada de reflexión del 13-M.
Hay que tener una cara muy
dura para rechazar el pacto antiyihadista, porque según el “no busca justicia
sino venganza”.
Pero que se puede esperar
de un tío que cobró del país de la Guardia Revolucionaria Iraní a través de
Hispan TV, una organización prima hermana del IS, un tío que defiende a los
carceleros del líder opositor venezolano Leopoldo López.
Para los islamistas, todos
los occidentales somos infieles, colonizadores y cruzados, ellos no defienden
una religión, defienden una ideología, pues su proyecto de supremacía es
expansionista, imperial y medieval. Con ese proyecto no existe convivencia
posible. En la confrontación que ellos han querido, solo puede quedar uno en
pie ellos o el resto del mundo.
A nivel global, muchos que
no comparten con occidente su modelo de sociedad, ni creen en el mismo Dios que
nosotros, ya se han dado cuenta de que todos compartimos un enemigo común.
La tolerancia, ese valor
tan necesario en otras situaciones, en este asunto es completamente inútil.
Esperemos que las víctimas de Paris aclaren las ideas de nuestros gobernantes.
