Cuando leo y escucho que
Arantza Quiroga, la presidenta del PP vasco, va por libre, siento bastante
indignación, pues para mí es evidente, que lo que hizo ayer, es un paso más
hacia el nuevo discurso del Partido Popular, el discurso de la ignominia.
Arantza Quiroga registró
ayer una moción en el Parlamento vasco en la que propone la constitución de una
ponencia parlamentaria que estudie un acuerdo de mínimos sobre “los principios
y valores que deben regir la libertad y la convivencia”, en ella, por primera vez
no se exige para participar la condena de la violencia, sino el rechazo expreso
de la misma.
Estamos ante un cambio de
postura del PP que supone una gran afrenta a las víctimas. Pero que podían
esperar estas, el Partido Popular se comprometió a sacar de las instituciones a
las marcas blancas de ETA y no lo hizo, excarceló al carcelero de Ortega Lara
alegando motivos de salud, mediante la aplicación de la doctrina Parot, puso en
la calle a 78 presos etarras, algunos de ellos con delitos de sangre, y desde
2011 el PP ha hecho numerosos guiños al entorno de ETA. Hablamos de medidas
encaminadas a acercarse al entorno etarra que han provocado la absoluta
indignación en su electorado.
Cuando la gente decente se
cabrea y los de Bildu se alegran por el cambio de postura del PP vasco, es que
algo se está haciendo muy mal y que Quiroga ha cometido un enorme error al
cumplir las órdenes que le daban desde Génova. Un error que pagará el PP en las
urnas el próximo 20 de diciembre, pues si cuando tomas una decisión, resulta
que los tuyos se cabrean y dejan de votarte, y los que se alegran jamás te
votarán, dime tú.
Todo tiempo nuevo en el
País Vasco debe de cimentarse por el absoluto respeto a las víctimas, sin esa
condición, todo lo que se haga será una infame chapuza y una injusticia con
aquellos que dieron su vida por todos nosotros.
