Nos equivocamos si lo que
está sucediendo en Cataluña lo miramos desde el prisma de los sentimientos,
pues desde mi punto de vista, de la única forma que se puede contemplar es
desde la legalidad.
Y digo esto, porque es público
y notorio que el nacionalismo catalán lleva décadas intoxicando a la población
que reside en esa región española, lleva décadas moldeando sus sentimientos
mediante la inoculación de una historia y una realidad inventadas, haciéndolo a
través de los medios de comunicación públicos catalanes y a través de los
medios privados que han cambiado su honestidad por jugosas subvenciones.
Para compensar la dañina
influencia del nacionalismo en la sociedad catalana, sería necesario un largo
periodo de suspensión de la autonomía en donde, sobre todo la Educación,
siguiera directrices marcadas desde la
capital de nuestra nación, siendo imprescindible la sustitución de esos
vendidos profesores que son instrumentos al servicio del separatismo.
Pero la culpa de la situación
actual no solo la tienen allí, nosotros, el resto de españoles también tenemos
mucha culpa. Hemos seguido votando a partidos que hacían continuas concesiones
a los nacionalistas con tal de contar con sus apoyos puntuales para conseguir
el poder o mantenerse en el, conocíamos la situación y le hemos seguido dando
nuestra confianza al PP o al PSOE.
Si por algo se ha
caracterizado Artur Mas, es por su horrenda gestión, poco visualizada por
muchos catalanes por las continuas inyecciones de cash del gobierno central. Es
decir, en vez de dejar al descubierto que el mesías independentista es incapaz
de gobernar Cataluña, se le ha dado oxígeno, lamentable. Si no hubiese podido
hacer frente a las nóminas y a los diferentes pagos, la sociedad catalana se habría
dado cuenta de la realidad.
Y qué decir de la
corrupción ¿si la Justicia hubiera actuado correctamente y, la familia Puyol al
completo y media CDC, estuviesen en el trullo desde hace años, alguien piensa
que la situación sería la misma?
En Madrid siempre se ha
tenido miedo a actuar contra estos delincuentes que se envuelven en la
estelada.
