Tengo que reconocer, que
cada vez me siento más identificado con la filosofía de vida del norte de
Europa, a la vez que me siento más avergonzado de pertenecer a una sociedad
como la nuestra.
Si hace pocas fechas, la iniciativa
poco ortodoxa de nuestro Gobierno para reformar la ley del Tribunal
Constitucional a fin de que las sentencias judiciales se cumplan, provocó la
airada reacción de la oposición, ayer mismo, unas declaraciones del ministro de
Defensa, Pedro Morenés, les han enloquecido de nuevo.
No podemos olvidar, que
nuestra Constitución encomienda, como muchas otras constituciones de países
democráticos, a las Fuerzas Armadas, “Garantizar la soberanía e independencia
de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento
constitucional”, actuando a las órdenes del Gobierno, siempre y cuando este, no
se aleje del camino de cumplir y hacer cumplir las leyes.
Desde mi punto de vista,
nuestro ministro de Defensa ha hecho referencia a este asunto, justamente en el
momento oportuno, pues la unidad nacional nunca puede ser negociable.
Las declaraciones de
dirigentes de partidos independentistas catalanes tachando las palabras de
Morenés de “incalificables y lejos de un contexto democrático” nos demuestran
como los separatistas sostienen un discurso absurdo, pues para ellos, el hecho
de que las Fuerzas Armadas impidan la ruptura de la unidad nacional y
restablezcan la legalidad constitucional democrática es “golpismo”, cuando
precisamente los “golpistas” son ellos. Aquí todos se han vuelto locos.
Ahora, la derecha
acomplejada, compañeros de gobierno de Morenés, insinúan que quizás no era el
momento de hacer ese tipo de declaraciones, vergonzoso. Nunca viene mal
recordarle a Artur Mas y a sus cómplices, que no tienen ni la más mínima
oportunidad de conseguir sus objetivos, y que nuestras Fuerzas Armadas, con
nuestro rey comandándolas, son garantes
últimos de la supervivencia de España como nación.
Por lo dicho anteriormente,
le pediría a todos aquellos españoles que antes de ser de izquierdas, se
sienten demócratas, entiendan de una vez por todas que sin respetar las leyes
no hay democracia, y que la misión de las Fuerzas Armadas está perfectamente
especificada en nuestra Constitución, por mucho ruido que armen esos partidos a
los que votan.
