Todo parece indicar que,
Mariano Rajoy, pretende que las Elecciones Generales se celebren coincidiendo
con la Navidad. Por una parte, nuestro presidente sin duda pretende disponer
del suficiente tiempo para sacar adelante iniciativas legislativas como los
Presupuestos Generales del Estado y la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal
Constitucional, por otra, aprovecharse del tirón que transmite la euforia
consumista de esas fechas y, también y más grave, porque parece que pretende que se celebren en una fechas en
las que muchos ciudadanos ya no se encuentran en su lugar de residencia
habitual y muchos de ellos acabarán en la abstención no deseada.
Los asesores del Partido
Popular parecen haber convencido a Mariano Rajoy, de que mientras más
abstención mejor para el PP. Es posible que tengan razón, pues nos encontramos
ante unas elecciones cruciales en donde la alternativa histórica al Partido
Popular, el PSOE, ya ni siquiera disimula que sus intenciones son las de pactar
con todo lo que está a su izquierda con tal de llegar al poder y desplazar al
casi seguro ganador.
No obstante, reconozco que
elegir una fecha para las elecciones simplemente porque habrá más abstención,
es una muestra clara de carencias democráticas de bastante calado.
Cuando se prescinde del
malo conocido, Rajoy, no es para darle
la confianza a lo que se sabe que es peor y es portador de toneladas de
inestabilidad, pues de hecho acecha sobre todos nosotros la reedición del
antiguo Frente Popular a elecciones pasadas algo que le da mucho miedo, incluso
a la parte más socialdemócrata del propio PSOE.
Muchos me conocéis y sabéis
que no votaré a la derecha ni a la izquierda, que el resto de mis días ya
siempre votaré en conciencia, pues ese es el único voto útil que conozco, el
que te permite dormir con la conciencia tranquila.
