Durante cinco décadas ha
estado la administración norteamericana financiando a la oposición a la
dictadura comunista cubana de los hermanos Castro, entendiendo que ellos eran
los legítimos representantes de un pueblo oprimido al que no se le permitía
decir lo que pensaba.
Pero en diciembre del
pasado año, todo cambió, pues Barack Obama decidió pasar a la historia siendo
el presidente que restableciera las relaciones diplomáticas entre los dos
países. Argumentó que 54 años de bloqueo no habían servido para nada y que
hacía falta un nuevo enfoque, un enfoque que no era otro que la capitulación de
la libertad ante la represión.
A fecha de hoy, los únicos
avances que se han registrado han sido en las relaciones entre ambas administraciones
con la apertura de las correspondientes embajadas en unos actos en donde EEUU
no ha invitado a la oposición cubana.
Los grandes damnificados de
todo este montaje de Obama ha sido la oposición cubana, pues saben que dejaran
de financiarlos en Florida y que como ya se está viendo, al estar el régimen
cubano envalentonado ha aumentado la
represión y las detenciones en la propia isla.
Sigo pensando, y el futuro
me dirá si llevo razón, que la principal motivación de Obama en restablecer
relaciones es, por una parte pasar a la historia, y por otra, que las empresas
norteamericanas se lancen en tromba a invertir y hacer negocios en Cuba.
Recuerdo que hace décadas,
nos decían que los Estados Unidos de Norteamérica era una nación que siempre
enarbolaba la bandera de la libertad, visto lo visto da la impresión de que eso
queda ya muy lejos y que ya se mueve por otros intereses. Cuando los buenos
claudican ante los malos, es que algo está cambiando en este mundo.
Lo único cierto de esta
historia, es que los grandes perjudicados serán los de siempre, los cubanos,
quienes aunque posiblemente encuentre algo de trabajo en cuanto se radiquen
empresas en la isla, siempre serán súbditos y nunca ciudadanos con los derechos
que ello conlleva.
