En unas disputadas
primarias, Andrés Herzog, se proclamó ayer vencedor y se convierte en el nuevo
portavoz de Unión Progreso y Democracia (UPyD). Mientras él defendía que UPyD
siguiera siendo un partido autónomo, libre e independiente, Irene Lozano, la
derrotada, defendía el pacto con Ciudadanos.
Andrés Herzog representa la
salvaguarda de las esencias y los principios de quienes fundaron UPyD, y llega
para recuperar la ilusión en un proyecto político, que más que necesario, resulta hoy imprescindible para regenerar
nuestro corrompido sistema democrático.
Herzog es conocido por ser
el abogado que ha puesto contra las cuerdas a los anteriores directivos de
Bankia. Fue uno de los que destaparon el escándalo de las tarjetas black de
Caja Madrid y encabezó, demandas y querellas, en la Audiencia Nacional por la
supuesta estafa de las preferentes y por presuntos fraudes en bastantes cajas
de ahorros.
Andrés Herzog es un abogado
donostiarra de 41 años, es un trabajador incansable, meticuloso, tenaz, leal,
disciplinado, inteligente y hábil. Su valentía e integridad la demostró cuando
siendo el enlace con Ciudadanos, en un duro informe afirmó que “la práctica
diaria de Ciudadanos no se correspondía con los valores que el partido de
Albert Rivera dice defender”. UPyD tiene una ingente tarea por delante, pero
cuenta con el mejor para llevarla a cabo.
Ayer también, Mariano
Rajoy, en su discurso de clausura de una conferencia política de su partido nos
demostró que se empecina en cerrar la puerta al cambio. Sigue centrándose, de
nuevo, en sus logros económicos. Sigue sin hablar de la corrupción y dejó claro
que de democratizar su partido, nada de nada.
Rajoy sigue insistiendo en
que, sin él en el poder, la recuperación dará paso al cáos. Sigue echando mano
al discurso del miedo y pretende transmitir a sus afiliados que la regeneración
política y ética del partido ahora no son prioritarias. El PP se presentará a
las próximas generales con los mismos mensajes de siempre, pero eso sí, cambian de logo.
Esta conferencia política
era una ocasión única para promover un debate, pero Rajoy lo impidió. Y esto
ocurre mientras cada vez más voces internas piden un cambio de actitud para
acercar la política a los ciudadanos.
