Con nocturnidad,
premeditación y alevosía, nuestros gobernantes, a la vez que nos ponen en aviso
de que va a ser muy difícil mantener nuestro sistema de pensiones en el tiempo,
están literalmente vaciando el Fondo de Reserva de las Pensiones.
Cada cierto tiempo, nos
informan a través de los medios de comunicación, que el gobierno de turno ha
metido la mano en el Fondo de Reserva para apagar algún que otro fuego, no
utilizando esos recursos para lo que en realidad era su destino.
Las cotizaciones del
sistema público deben ir al Fondo de Reserva y dedicarse solo a para pagar
pensiones contributivas. Si los distintos gobiernos hubieran cumplido con su
obligación, el Fondo de Reserva, que llegó a tener 79.000 millones de euros,
ahora tiene escasamente 40.000 millones, podría estar cercano a los 100.000
millones, el 10% de nuestro PIB.
Cada vez que el gobierno de
turno decide tirar de la Hucha de las Pensiones para tapar algún agujero, fruto
de su incapacidad para gestionar, lo que realmente está haciendo es cometer un
acto criminal que se puede traducir en el futuro en que ciudadanos que llevan
pagando durante toda su vida laboral se encuentren con que no tienen en
absoluto garantizada la pensión a la que tienen derecho tras su jubilación.
Entre esto, y que nos dicen
que al no nacer suficientes niños no está garantizado el relevo generacional,
es para que nos preocupemos. Pero curiosamente, quienes nos dicen eso no llevan
a cabo políticas para promover la natalidad como hacen otros países de nuestro
entorno. Soy de los que piensan, que si por cada niño nacido se pagara una
cantidad mensual atractiva a la familia hasta su mayoría de edad, el índice de
natalidad se dispararía, pero aquí no, aquí se transmite la idea de que tener
hijos es algo antiguo, que te quita libertad y que le impide a la mujer
realizarse en la vida. Evidentemente, seguir por ese camino abocará a largo
plazo al suicidio de nuestra sociedad.

De hecho, entre usted con las pensiones o el menda con los corralitos, al final ya veremos quien se equivoca, aunque se nos llame catastrofistas. Un saludo cordial.