A Susana Díaz se la puede
criticar por muchas cosas, y de hecho, lo suelo hacer con frecuencia, pero
sería muy injusto que cuando dice algo con lo que estamos de acuerdo, obviarlo.
Las declaraciones que
realizó Susana Díaz ayer, suponen una enmienda a la totalidad a la forma de
hacer las cosas de Pedro Sánchez y la cúpula de su partido en relación a la
política de pactos tras las elecciones del pasado domingo.
La secretaria general del
PSOE andaluz mostró su absoluto rechazo a la “política de frentes” por la que
parece haber optado el PSOE en las negociaciones para la constitución de
ayuntamientos y CCAA, y se mostró contraria al veto de su dirección federal a
pactar con el Partido Popular. Y lo declaró tras reunirse con Pedro Sánchez en
Ferraz tras cinco meses sin hablar en privado con él.
Intentó de que las
primarias de su partido, programadas para el 26 de julio, se pospongan a
septiembre para que de esa manera se resuelva antes la gobernabilidad de
municipios y CCAA, ya que según ella, eso es lo que le importa a la gente, pero
Pedro Sánchez no ha atendido la petición de alguien que ve como su principal
adversaria para dirigir al PSOE.
La actual cúpula del PSOE
se lo quiere poner difícil a Susana haciendo coincidir el final del plazo para
la investidura en Andalucía, el parto de Susana, y las primarias del PSOE. Susana
ya ha dicho en público que en las primarias no apoyará a Sánchez.
Lo manifestado ayer por
Susana Díaz es mucho más propio de un dirigente socialdemócrata europeo del
siglo XXI, que la política de bloques y de frentes que encabeza Pedro Sánchez,
una forma de actuar más propia de la izquierda europea de antes de la caída de
la URSS.
Desconozco si Susana Díaz
estima que ha llegado su momento de optar a la secretaría general de su
partido, pero debe saber que muchos españoles, incluso muchos de los que jamás
la hemos votado, entendemos que su figura puede ser clave para modernizar a
este rancio PSOE, y así contribuir a medio plazo a la buena convivencia entre los
españoles.
