¿Alguien puede creer que la
hipotética marcha de Griñan y de Chaves de la política va a suponer un cambio
en la forma en la que entienden la política los socialistas andaluces, un
cambio en los métodos que han usado desde siempre para perpetuarse en el poder?
Por ello, quedo perplejo
cuando escucho a Albert Rivera decir que “es un buen paso” la decisión de
Griñán de abandonar la política y que Ciudadanos, el partido que lidera, inicia
el camino hacia un acuerdo que permita la investidura de la socialista Susana
Díaz, aunque aún queda pendiente “la otra mitad”, es decir, la dimisión de
Chaves como diputado nacional.
Cuando el PSOE nos dice que
ha detectado muchos puntos en común con Ciudadanos, sobre todo, en las referidos
a la corrupción, a ese pacto contra la corrupción que Ciudadanos les ha
propuesto suscribir, los que conocemos el proceder durante décadas del PSOE en
Andalucía, y por otro lado, sabemos que Rivera es un tío joven e inteligente,
debemos preguntarnos eso de que ¿Quién de los dos quiere engañar al otro?
Lo de la petición por parte
de Ciudadanos de la dimisión previa de los dos grandes capos del pasado, es un
símbolo, una petición efectista, pero lo que desde luego no es, es algo que
permita acabar con la corrupción sistémica que aqueja a la Junta de Andalucía.
Que dos políticos quemados se vayan de la política no va a acabar con la metástasis de la que está aquejado el
régimen andaluz.
Por lo que parece,
Ciudadanos nos quiere vender que ha contribuido al cambio sin estar en el
futuro gobierno, facilitando la investidura pero no participando en el futuro
gobierno andaluz. Ciudadanos no quiere mojarse para así llegar inmaculado a las
generales, algo que podemos catalogar como “electoralismo elevado a la máxima
potencia”. Con todo lo que critican a los viejos partidos, actúan con el mismo
estilo.
El problema es, que Albert
Riveras sabe perfectamente, que aunque el PSOE firme ese supuesto pacto que
ellos proponen es imposible que lo cumplan los socialistas, pues estos no saben
ni gobernar de otra manera, ni mantener su chiringuito de otra manera, ni tener
operativos sus miles de pesebres de otra manera.
