Cuando Griñán abandonó la
presidencia de la Junta de Andalucía en 2013, dijo que lo hacía por razones
personales y familiares, ahora sabemos que fue por el escándalo de los ERE.
Ayer le tocó declarar en
calidad de imputado ante el Tribunal Supremo y aunque muchos se hayan sentido
defraudados por lo que dijo, era evidente que no iba a llegar y declararse
culpable.
Afirmó que fue una
barbaridad dar todas esas ayudas de forma aleatoria y sin control, entendiendo
que lo sucedido merece que los responsables asuman responsabilidades políticas
e incluso penales, defendió la legalidad del sistema que se puso en marcha
afirmando que el problema estuvo solo en la ejecución de los pagos en la
Consejería de Empleo, resulta evidente, que tanto la Junta como el PSOE han
decidido culpar de todo al que fue director general de Empleo, Francisco Javier
Guerrero. Para terminar, Griñán rechazó que llegaran a su mesa los informes de
la Intervención General de la Junta cuestionando el sistema de pagos de los
ERE.
Cuando los altos cargos de
la Junta afirman que ellos firmaban lo que les pasaban sus subordinados y que
nunca lo leían, me recuerda a lo que dice la infanta Cristina, eso de que
firmaba lo que le decía su marido sin leerlo.
Independientemente de que
Griñán y sus compañeros se hayan enriquecido, que el dinero haya terminado en
sus bolsillos, todo parece indicar que el PSOE fue creando con el tiempo una
red de clientelismo para perpetuarse en el poder que lleva ocupando 33 años en
Andalucía.
Aquí parece que ningún alto
cargo leyó los informes que les enviaba la Intervención, aquí parece que los
que tenían que controlar hicieron dejación de sus funciones. Lo que sí se puede
afirmar, es que casi mil millones de euros han salido irregularmente de las
arcas públicas andaluzas y que nadie cree que se vayan a recuperar.
Creo que es razonable que
se identifiquen a los responsables políticos y asuman sus responsabilidades, al
igual que debe identificarse a los responsables penales, pues es mucho dinero
el desaparecido y deberían rodar muchas cabezas, unos en dirección a su casa y
otros a la cárcel.
